UN TÍTERE RADICAL PARA PERPETUAR EL DESAFÍO

En su desesperada huida hacia adelante, consciente de que la perpetuación del conflicto con el Estado es la única baza que le salva aún de la irrelevancia, Carles Puigdemont anunció ayer el nombre del candidato que propone para ser investido próximo presidente de la Generalitat. Se trata de Quim Torra, periodista como el propio Puigdemont, ex presidente de la asociación independentista Òmnium Cultural y separatista de acreditado fanatismo.

Puigdemont, cada vez más imbuido de su propio caudillismo -ha tomado la decisión en solitario, sin consultar con ERC y ni siquiera con el PDeCAT-, aspira con esta elección a sentar en la presidencia de la Generalitat a un títere, un perfil manejable a distancia que se someta dócilmente a la voluntad del irredento prófugo de Berlín. Torra es un alter ego de Puigdemont, tan radical como él, es decir, impermeable a la sensatez y alérgico al cumplimiento de la ley.

La presumible investidura de Torra plantea serias dudas sobre la conveniencia de levantar el 155 tras un previsible govern completamente teledirigido por Puigdemont, que transmitió ayer el mandato de implementar la república declarada en octubre. La normalidad política en Cataluña no solo no está cerca, sino que parece más lejos que nunca.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor