TÓ PA MÍ

En el año 2011 tuve una conversación privada con Carmen Calvo a la que acudí para recabar su opinión sobre el final de etapa de Rodríguez Zapatero sobre la que estaba escribiendo un libro , y creo que fue la última vez que le escuché decir algo sensato.

Con los años hay gente que madura y otra que se desparrama que es el caso de Carmen Calvo, una dama que se ha echado a perder aunque lo disimule vistiendo de Hermés .

Yo la recuerdo siempre ocurrente y lenguaraz a la par que tendente a convertir en sentencias frases de andar por casa, algo extraño en una doctora en derecho constitucional, que no es poca cosa cuando hay gente que llega a ser titular de un ministerio sin más bagaje que un carné de un sindicato o una agrupación local de un partido.

La actual vicepresidenta acostumbra a dar bandazos en lo que se refiere a la propiedad de los conceptos y de las cosas porque lo mismo afirma que el dinero público no es de nadie como que el feminismo sólo es del psoe, con lo que acredita su pensamiento líquido, incapaz de embridarlo en la senda de la coherencia y del rigor histórico.

LElla sabe que los logros sociales nunca han sido patrimonio de un grupo político sino de la sociedad que siempre ha ido por delante de las formaciones partidarias, y olvida a propósito que un sector de la izquierda entre los que estaba el partido socialista se opuso al derecho a voto femenino en las Cortes de la primera República con el argumento de la incultura de las mujeres y la fácil manipulación a la que podían ser sometidas por sus maridos o por la iglesia, circunstancia que podria hacer decantar el resultado electoral a favor de la derecha.

Hago estas referencias sin ánimo de discutir porque en el fondo me deja frío este debate sobre el patrimonio de las grandes ideas, que siempre fueron universales y jamas se pudo ejercer el derecho de propiedad intelectual sobre ellas, por más que alguna adanista quiera atribuírselo, y además me empieza a resultar manido el concepto oficial del feminismo que algunos partidos políticos y organizaciones afines han robado a las mujeres.

Ya hiede esa patrimonializacion sectaria y excluyente que hacen del derecho de las mujeres a ser iguales legalmente a los hombres y a competir por méritos propios en todos los terrenos con ellos.

No me gusta ninguna palabra de las que acaban en “ ista ” porque me suena a colectivización de ideas, manipulación de conciencia y negocio de aprovechados, y además porque yo voy por la vida sin pagar cuotas ni obediencias grupales, pero fundamentalmente me estomaga la gente que lleva en su bolsillo el carné de profeta.

No sé si algún día las Carmen Calvo – qué son muchas y siempre van acompañadas de otros tontos contemporáneos de su misma especie intelectual – se rehabilitarán, pero mientras la vice vaya soltando perlas como la que afirma que “ la prostitución es una sinergia del patriarcado con el capitalismo liberal”, esta señora lleva camino de ser declarada “fatalmente irrecuperable”.

Yo no quería acabar esta columna aludiendo a las señoras putas, a las que cito de vez en cuando porque constituyen una fuente singular de inspiración literaria, pero si ellas hablaran de sus clientes podrían dan unos cuantos nombres de compañeros de partido y amigos andaluces de la vicepresidenta que, según acreditan algunos autos judiciales frecuentaban sus burdeles y pagaban sus desahogos sexuales con dinero público que, como ella misma dice “no es de nadie”.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor