TOCAPELOTAS, Y POCOS

La conmemoración del atentado de las Ramblas ha transcurrido al modo sucio y mortecino que estaba previsto. Asombrosamente, los periódicos le llaman politización, pero solo es sinvergonzonería. No se entiende por qué la política ha de cargar con este lastre. Una sinvergonzonería de bajo nivel, en cualquier caso. El independentismo, cautivo y desarmado, ya es solo la causa de unos tocapelotas (me gustaría llamarlos casse-couilles, pero uno tiene la lengua que tiene). Y lo único que pueden hacer es tocarlas.

El ejemplo de los Mossos d’Esquadra. Naturalmente no tienen pelotas para defender la República proclamada a golpe de arcabuz y chistera. Pero su deliberada incompetencia aún les da para ser incapaces de descolgar una pancarta en un edificio de la Plaza de Catalunya donde se insulta al Rey.  El Valido, entre los tocapelotas el principal, organiza dolientes procesiones frente a la cárcel donde están encerrados los presos políticos.

Pero no tiene las pelotas necesarias para sacar consecuencias prácticas del hecho de que tenga las llaves de la cárcel. Qué crédito puede tener un tipo que protesta una y otra vez, (¡y ante el Rey!: al que le presenta la mujer de un preso, oh, là là), por el encierro de unos hombres cuando con su poquito de pelotas él podría sacarlos esta noche y enviarlos nord enllà, on diuen que la gent és lliure.

A esta genteta (gentecilla) todo se lo tiene que hacer Alemania.

El incidente más significativo del día lo ha protagonizado el presidente del Gobierno -como de costumbre el único problema realmente existente no es Cataluña sino España-, con la versión catalana de un anodino tuit sobre la conmemoración. En esa versión había una palabra, desraó, que sería la primera vez que la utilizara un catalanesco. Pero lo mejor es que ese tuit estaba calcado de su versión castellana, con la sonrojante excepción del escudo y la bandera españolas, que habían desaparecido.

El incidente no es trivial, primero, porque traduce esa realidad binaria perfectamente insertada en el habla, la escritura y la política natural, que es la de Cataluña y España. Pero, sobre todo, porque antes que del presidente Sánchez -que en Twitter como en la política y en la vida se limita a posar- el tuit es responsabilidad de Carolina González, la community manager que tantos días de gloria va a dar a la presidencia del Poseur, y sobre cuya competencia tuve a bien advertir a las autoridades sanitarias hace algunas semanas.

Lo último que debe reseñarse es que al acto no fue casi nadie. Unos, como yo, porque no queremos coger enfermedades. Y la mayoría porque, descartada la altura moral de conmemorar a otras víctimas que no sean ellas —llevan 300 años sufriendo y lo que les queda—, no están ya ni para tocar las pelotas.

Arcadi Espada ( ElMundo )

viñeta de Linda Galmor