TOCOMOCHO DOBLE

Alucinados por las mentiras de Pedro Sánchez, su media son tres al día, mañana, tarde y noche, no reparamos en las de sus interlocutores nacionalistas, no menos grandes, aunque más disimuladas. Si Sánchez nos ha mentido a los españoles sobre su respeto a la Constitución, Junqueras ha mentido a sus seguidores sobre sus planes independentistas no cumplidos.

¿Cómo explicar que sigan negociando con él tras decir una y otra vez que no es de fiar? Sabiendo, además, que, aunque quisiera, no podría darles lo que le piden: la libertad de sus líderes encarcelados y la autodeterminación. Sólo hay una explicación: que aquel referéndum glorioso del 1 de octubre fue una farsa. Si colaba, bien, si no también, pues habían abierto el procés.

Lo demuestra que a las 24 horas lo habían cancelado. Con lo que no contaban era con el 155, que dio con su cúpula en la cárcel o la huida. Pero habían puesto una pica en Flandes, nunca mejor usada la expresión. De ahí en adelante, sólo quedaba ensancharla y esperar a que en La Moncloa hubiese alguien que se lo permitiera.

A Pedro Sánchez le ocurrió algo parecido. Sus primeros intentos de alcanzar la presidencia fracasaron, pero perseverancia no le falta y aprovechó una sentencia por corrupción del PP para desalojar a Rajoy de La Moncloa. Fue como juntarse el hambre con las ganas de comer. O como un doble tocomocho. Desde entonces, ERC y el PSOE no han hecho más que aproximarse fingiendo que forcejean.

Ambos son conscientes de que se necesitan para alcanzar sus fines. Y de lo difícil que es conseguirlos si van por separado. Nosotros, a todo ello, en Babia, confiados en la advertencia de Junqueras: «Si no hay avances en la mesa de diálogo no hay legislatura». Avances que no podían llegar al ser inconstitucionales. Pero resulta que ya los ha habido.

Y no uno sino varios: se ha nombrado fiscal general del Estado a la ministra de Justicia de Sánchez. Se permite a Junqueras y otros condenados ir al Parlament para explicar su papel el 1-O. Se pone al frente de la Guardia Civil a una funcionaria socialista.

Se aceptan las «embajadas» catalanas como oficinas comerciales. ¿No son los «gestos» que exigía ERC para negociar? Lo confirma que los 15 días que habían dado para iniciarla están a punto de cumplirse y Rufián dice «hay que ser flexible con las fechas».

En cuando a las diferencias internas del nacionalismo, las hay. Pero no en el objetivo final: la independencia. Tengo incluso la impresión de que juegan a policía malo (JpC) y policía bueno (ERC) para que éste se lleve el gato al agua.

Con un Sánchez encantado: puede proclamar que ha resuelto el conflicto catalán y dedicarse a dejar España que no la conozca ni la madre que la parió. Aunque nuestros problemas no serían nada comparados con los de los citados más la Cup, los Comunes y demás, peleándose por el botín de la independencia.

José María Carrascal ( BC )

viñeta de Linda Galmor