Siete meses después, el juez de Madrid que investiga las irregularidades denunciadas en las cuentas de Podemos no sabe ni cuántos empleados tenía la consultora Neurona, ni cuál era su trabajo, ni qué proyectos hicieron. Nada.

Y no es por indolencia del magistrado, sino por la negativa de Podemos a colaborar.

La investigación penal sigue adelante con el respaldo de la Fiscalía porque los indicios prejuzgan que Pablo Iglesias tiene mucho que ocultar.

Pero no aporta un solo documento y por eso el juez ha decidido investigar todos los contratos suscritos con Neurona para determinar si, como parece, hubo financiación ilegal, si se desvió dinero del partido para gastos particulares de sus líderes, incluidas niñeras, y en última instancia si se produjo evasión de capitales.

Cada vez parece más que Neurona solo era una tapadera para encubrir una trama delictiva. Huele a fraude, e Iglesias no lo aclara.

Quizá, porque ha aprendido demasiado rápido los manejos de una caja B.

ABC