TODOS SOMOS JUAN CARLOS QUER

El buenismo patrio, acentuado hasta la caricatura en la era Zapatero, impidió durante 30 años que España fuera penalmente como las naciones de nuestro entorno. Como las mejores de las mejores. Como Alemania, Francia o Reino Unido. Los tres contemplan en su legislación la cadena perpetua revisable, que viene a ser lo mismo que la prisión permanente (revisable a los 25 años), que es como llamamos aquí a esa figura normativa por aquello de los mieditos que provoca la corrección política. Rajoy tuvo el coraje de alumbrar esta ley en 2015 para casos especialmente terribles: tipos que asesinan a niños después de violarlos o terroristas multiasesinos.

Se intentaba paliar la injusticia sideral que supone, por ejemplo, que Miguel Carcaño, el asesino convicto de Marta del Castillo, sea excarcelado en 2021 ó 2022 tras cumplir 12 ó 13 años de pena. Y, lo que es más indignante, ¡sin que Antonio y Eva hayan podido enterrar a su hija porque ni él ni sus compinches han confesado dónde está! Qué barata le saldrá a este hijo de Satanás tanta crueldad.

El único condenado hasta ahora a prisión permanente es David Oubel, que asesinó a sus hijas de cuatro y nueve años con una sierra radial. ¿Se puede curar un psicópata así y quedar en libertad dentro de un cuarto de siglo? ¿O debe pudrirse entre rejas? Un servidor opina que son seres irrecuperables. Como El Chicle, la alimaña que mató y seguramente violó a Diana Quer. O como el violador del estilete, el del portal y el del ascensor. Los pusieron de patitas en la calle tras la derogación de la maravillosa Doctrina Parot y volvieron a hacer lo único que saben hacer. La cadena perpetua a la española llegó tarde no sólo para Carcaño sino también para José Bretón, que incineró los cuerpos de sus vástagos tras quitarles la vida.

Ahora el PSOE quiere cargarse la ley. Ciudadanos, depende del día. E Iglesias afirma, con su canallesco estilo habitual, que la prisión permanente «es venganza». A Sánchez y Rivera les pregunto si les gustaría que cualquiera de estos individuos pululase por su barrio. Y a Iglesias si dejaría a un familiar suyo menor de edad al cuidado de El Chicle dentro de 25 años si los expertos concluyen que está curado. Entre tanta indignidad, siempre nos quedará el ejemplo moral de Juan Carlos Quer, con los 2 millones de firmas recogidas para mantener el statu quo. Todos somos Juan Carlos. Por solidaridad y por sano egoísmo.

Eduardo Inda ( La Razón )