TORA, TORA, TORA

El PSOE actual es una escuela de retórica política destinada a volvernos locos. En lo alto está Pedro Sánchez, el hombre que no le dice dos veces lo mismo al mismo espejo, y de ahí baja en torrentera locoide por las Lastra, Calvo, Solsticios Rivera, Montero, el dos veces gravitatorio Ábalos o los lisérgicos Sicilia o Zaragoza. Cada una de sus ruedas de prensa es una bomba de humo que suena a Antonio Ozores.

Lugar destacado ocupa la ministra Margarita Robles («Yo, que soy jurista»), patrocinadora del «Equipo de Capacidades Espaciales», que en la foto vemos subida en un caza del Ejército, lo que excita inmediatamente la imaginación de los aficionados al cine de aviación.

La Ministra de Defensa en funciones dio ayer una entrevista en la cadena amiga y dijo algunas cosas dignas de camiseta.

Una, que suele pasar desapercibida, dedicada a las conversaciones del PSOE con ERC: «Lo importante de las negociaciones es la discreción». Que nadie sepa nada, por tanto, que transcurran en la absoluta opacidad, como encuentros clandestinos con Rufián.

Esto, que es un escándalo -mucho más cuando va contra lo sostenido por el candidato Sánchez- no solo se admite, sino que se considera una virtud. Que pacten lo que tengan que pactar, se dice, ¡pero que «se sienten en una mesa»! Como si lo importante fuera la mesa.

La otra perla, marca de la casa, fue extrañarse mucho de «las prisas tremendas que le han entrado a todo el mundo» por leer el escrito de la Abogacía del Estado sobre la sentencia del TJUE. Ahí ya no hablaba la ministra, hablaba también la jurista, recordándonos que en la ley hay una cosa llamada «plazo», quizá la única carga de emoción del asunto.

Natural es que todos estén intranquilos menos el actual Gobierno. Al fin y al cabo, del informe depende el estatus de Junqueras, del que a su vez depende la abstención de ERC, de la que depende nada menos que la futura investidura de Sánchez. ¡Prisa no tienen ninguna! ¡Tómese su tiempo la Abogacía!

En Pearl Harbor, fue un aviador nipón el encargado de mandar el críptico mensaje, Tora, para comunicar que el objetivo había sido alcanzado. Aquí la sensación es que Tora ya se ha dicho.

Hughes ( ABC )