Será lo mismo como expresidente que como presidente. Aprovechará las prestaciones del estatus y no hará nada que ponga en peligro su retribución ni mucho menos su vida en libertad. Se va un presidente especialmente denostado por los suyos. Se va un presidente que hace tiempo que tenía ganas de irse a vivir tranquilo y con el sueldo asegurado.

Ni los más afines han salido a defender su causa. El informe del Gabinete Jurídico de la Generalitat fue ayer tajante al darlo por cesado en el mismo instante que llegara la sentencia. Si casi siempre hubo margen para por lo menos especular con subterfugios legales con los asuntos que el presidente Puigdemont planteó, no ha habido piedad para Torra y los propios abogados de la institución que hasta ayer presidió le acompañaron a la salida.

No cuenta Torra con el afecto ni de los suyos para pensar en algún tipo de continuidad en la política. Un ejemplo de ello es que en su despedida pidió que «las próximas elecciones autonómicas sean un plebiscito que confirme el 1 de octubre» y los que sobre todo le respondieron fueron los independentistas, reprochándole que «no ha hecho nada por la libertad de Cataluña» durante su mandato. Eran reproches con causa.

Durante sus últimas días en el cargo, el expresidente comentó a alguno de sus colaboradores la posibilidad de retomar su labor como editor. Su editorial, como su presidencia, empezó cargada de promesas y acabó teniendo más subvenciones que ingresos y pidiendo a los autores que se pagaran la edición o negándoles el cobro de cualquier anticipo.

Es poco probable que vuelva a tomar las riendas de A Contra Vent, sin tener las ganancias aseguradas, ni por supuesto teniendo que arriesgar su dinero. Igualmente, ni primero como editor ni luego como presidente, ha destacado Torra por su capacidad de trabajo, ni por su abnegación, ni por su entrega. La jubilación es el estado moral que más le encaja.

Despacho de expresidente

Se espera de él que acuda algunas horas a la semana a su despacho de expresidente, cuando elija la sede y se lo acomoden a su gusto. También está entre sus planes más realistas escribir un libro sobre su experiencia política, pero de momento pudimos asistir el domingo por la noche -la víspera de su inhabilitación- a su faceta más doméstica, puesto a comentar por Twitter un programa de TV3 sobre padres e hijos.

Precisamente de su familia, y concretamente de hija Carola, afectada de espina bífida, va a tener más tiempo de ocuparse, como siempre hizo antes de dedicarse a la política. También tendrá que atender con especial cuidado a su esposa, llamada como su hija mayor, enferma de cáncer y que superó durante la presidencia de su esposo dramáticos momentos en que se temió por su vida.

Para Torra —a diferencia de otros expresidentes, como Jordi Pujol— la vida familiar nunca supuso un agobio. Poder cobrar el salario de expresidente de por vida sin tener que trabajar en nada concreto cuadra perfectamente con su sistema vital, con su interés por las cosas, y con su energía.

Los últimos presidentes nacionalistas han tenido un destino menos agradable: Pujol fue desposeído de todos sus atributos de expresidente al confesar que había ocultado una donación a Hacienda, el Tribunal de Cuentas condenó a Artur Mas a devolver 4,9 millones de euros, y Carles Puigdemont se encuentra huido de la Justicia.

Estuvo siempre en los cálculos de Torra poder ser expresidente sin sobresaltos y lo ha logrado. No le ha funcionado la parte de épica que quiso atribuirse sin correr riesgos remarcables, con una inhabilitación de bajo perfil y por un acto sin relevancia como el de colgar dos pancartas durante dos horas, pero la propia apatía del personaje le hará pronto olvidar los inconvenientes y la comodidad de la jubilación pesará más que cualquier cuenta pendiente.

Ni Junts ni PDECat

No será un activo de Junts ni del PDECat. Tal vez lo único que une hoy a los dos partidos es el alivio que ambos sintieron al conocerse que ya no era presidente. El PDECat reaccionó con total indiferencia, y los periodistas mostraron más interés por el futuro de Torra que los dirigentes.

En Junts había un resentimiento añadido por su poca disciplina y obediencia. El Supremo le ha inhabilitado, pero son sus compañeros los que le mandan a casa, que es lo que buscaba, y cobrando.

Hay algo que para Torra es mejor que hacer la independencia, y es no hacer nada.

Salvador Sostres ( ABC )