TORRA Y EL FIN DE LO NO NACIDO

La legislatura catalana, si es que alguna vez empezó, ha quedado vista para sentencia, nunca mejor dicho. El único responsable de haberla abortado es quien debería haberla alumbrado, Quim Torra, que decidió judicializarse a sí mismo jactándose de desobedecer a la Junta Electoral.

Fue condenado por el TSJ de Cataluña. Y posteriormente el Supremo ha ratificado su inhabilitación. Roger Torrent ha acatado la decisión -lo que demuestra la benéfica pedagogía del castigo penal en democracia- y ha retirado el escaño de Torra, que por eso mismo y en aplicación del Estatut ya no es president de la Generalitat de iure. En la misma sesión han naufragado los Presupuestos. La larga parálisis legislativa a la que el procés ha sometido a los catalanes ya solo está pendiente de una convocatoria electoral.

En los planes de Moncloa, la ruptura entre JxCat y ERC inaugura un ciclo en el que la unidad separatista deja paso a un tripartito igualmente nacionalista liderado por los de Junqueras y apoyados por Iceta y Colau.

En esa etapa no cabrá la unilateralidad, asegura Moncloa, pero los derechos de los catalanes constitucionalistas seguirán siendo sistemática y diariamente vulnerados en la estrategia por ampliar las bases del secesionismo para que la próxima intentona sea exitosa.

Sánchez alquila por un tiempo incierto el poder en Madrid a cambio de ceder al plan de ERC en Cataluña, todo ello a expensas de los próximos movimientos de Puigdemont. Es triste que lo único que se negocie en todo esto sea el poder. Y que Sánchez ni parezca haberse parado a pensar en los ciudadanos no nacionalistas.

El Mundo