TORRA Y WENDOLIN

Hay fascistas con cruz negra en el costado, como un tanque, cortando lazos amarillos como tendones, profanando esos cementerios de canarios de vieja que están en las plazas, asustando a los buenos catalanes que ya no pueden salir tranquilos a hacer escraches, a acosar a un juez, a forrarte el parque, a expulsarte de la ciudadanía por orden de la portera. Acosados se ven los CDR, que están empeñando las antorchas y comiéndose fritos los huevos de señalar casas y partidos.

Algo así parece que ocurre, porque Quim Torra ha dicho estar muy preocupado por la “violencia fascista” en Cataluña. Lo de “fascista” lo añade él como el chirimbolo de plomo que le da peso a esa violencia que a lo mejor ni es violencia ni es fascista, pero que ya está vendida así para casa como un pote de fundición. Por supuesto, Torra no se refiere a la violencia ni al fascismo del procés, sino a ese terror al basurero constitucionalista que les descuelga sus santos ahorcados y sus escapularios chorreantes de las farolas públicas.

La gran diferencia entre el procés y encararte con playistas con cruz de gato muerto es que el fascismo del procés es pleno, triunfante, dueño de lo público, está asimilado ya a su Nación, mientras que los cuatro fachillas con aguilucho en la toalla o en el culo que puedan salir por ahí son un fascismo de gatillazo y de muñeca Wendolin, ridículo de mirar sólo tebeos viejos y recordar el futbolín de la mili. Comparen eso con el poder de la Generalitat. Son los indepes los que han tomado todo lo público sin dejar espacio para nada más (todo lo que se les enfrenta es crimen).

Son suyos los señalamientos y los acosos, la intención genuinamente fascista de expulsar de la comunidad por razones de pureza ideológica y hasta racial. Son ellos los que cierran el Parlament a capricho o lo usan sólo como tambor selvático. Son ellos los que tienen policía política y comandos callejeros para imponer la ortodoxia de pensamiento como si fuera una batucada. Ellos han convertido un esencialismo mitológico y supremacista (vivan los Badia) en única ideología posible, en ideología de Estado. Pero ellos no son fascistas.

Torra, claro, engorda lo anecdótico para infundir miedo y rearmar la causa. Sánchez creyó que su sonrisa de valsista les apaciguaría, pero ahora que no está el PP se inventan fachas de peineta. Les queda eso y la monarquía. Quien no puede sobrevivir sin enemigos, siempre se los fabricará. Y Wendolin también sirve.

LuisMiguel Fuentes ( El Mundo )