La última ocurrencia demagógica de Podemos, hurtando incluso la idea original al residual portavoz de Más Madrid, Íñigo Errejón, es que España se encamine hacia una semana laboral de cuatro días.

Se trata de la enésima propuesta de Pablo Iglesias para comprometer a Pedro Sánchez y a los ministros «económicos» socialistas, y volver a forzar las costuras del Gobierno en busca de otro «avance social».

Sin embargo, más parece otra trampa para estigmatizar al empresariado, a quien Podemos siempre presenta como un ente perverso que se niega a favorecer a los trabajadores.

Este es un debate mucho más profundo, no merece esta frivolidad y, sobre todo, es inoportuno con el desempleo creciendo a destajo.

El debate no es que deba trabajarse cuatro días, sino que los españoles puedan hacerlo cinco, cosa que es cada vez más difícil gracias entre otros a Podemos.

Ni España tiene la fortaleza necesaria para afrontarlo hoy, ni estamos para más causas de un buenismo imposible.

ABC