TRAMOYA » FRANKENSTEIN »

Dado que Sánchez porfía en su fastuosa puesta en escena, resulta obligado abundar en el planteamiento. Sánchez maneja con tanta habilidad los dispositivos de su tramoya que ha conseguido que la audiencia asuma como realidad las sombras de su representación proyectadas sobre la pared.

Ha dejado los hechos a nuestra espalda. Sus felices y dicharacheros teletubbies locutan y festejan a todas horas el enredo -que incluye el ritual de convocar a Vox a todas sus ceremonias– hasta ensombrecer la perspectiva: España sigue atascada en 2015.

Durante este tiempo, Sánchez ha conquistado valiosas posiciones. Derrotó al PSOE para rehacerlo a su imagen, semejanza y servidumbre; conquistó el poder gracias a su máxima, «todo contra Rajoy -incluido el separatismo-, nada con él»; se creció en Moncloa y explotó el efecto Vox para lograr finalmente los mismos escaños que Rajoy obtuvo en 2015. A él le lucen más.

Su última misión consiste en convencer a la concurrencia de que puede gobernar sin los nacionalistas. Para lo cual sólo necesita dos cosas: ser investido -que a su vez requiere que los cuatro diputados en prisión por rebelión, sedición y malversación no renuncien todavía a sus actas- y mantener la superchería de que Podemos es una fuerza constitucional.

«He cometido errores: en el primer Comité Federal taché a Podemos de populistas», reconoció al inicio de su campaña por el liderazgo del PSOE. Añadió que no debió firmar un acuerdo con Ciudadanos sin incluir a la izquierda «transformadora» y sostuvo que «España es una nación de naciones. Cataluña es una nación dentro de otra nación que es España, como lo es también el País Vasco». Por último, desveló que no apoyó a Rajoy porque le confesó que no sólo lo «necesitaba para la investidura sino para gobernar», reflexión que carece de sentido.

Olvidada la moción, Ábalos solicita la abstención de Cs y PP en la investidura para evitar la contaminación nacionalista. Pero no especifica acerca de la aceptación del bolivarianismo menguante. El mayor logro de la trama de Sánchez y su arsenal mediático consiste en haber disimulado la naturaleza ideológica de Iglesias, aliado y comodín.

Con sortilegios más sofisticados pretende oscurecer que la Legislatura frankensteindependerá al final del veredicto del separatismo y que la emancipación real respecto del nacionalpopulismo únicamente es viable con PP y Cs. Para sortear 2015, Sánchez se aferra a Vox.

De la potencia de Vox depende la duración de su maniobra y que tema o no otras elecciones.

Javier Redondo ( El Mundo )