TRANQUILOS, SIN MATARSE

Si lo dice Susana Díaz, que de empleo sabe más que nadie en toda Europa, habrá que tomárselo en serio. Qué más da una semana antes que después, señala la expresidenta de la Junta de Andalucía, que se queja de las prisas que de buenas a primeras le han entrado a la gente por ponerse a trabajar y pasar de fase, sobre todo por la parte de Málaga y Granada, con lo bien que está uno en su casa, viviendo del ERTE y con la tele puesta, llena de ministros todo el santo día, que da gloria verlos. Anda y quédate ahí sentado, no te vaya a bajar la tensión al levantarte.

Además de experta en colocaciones, Susana es de la cuerda de María Jesús, la ministra de Hacienda, que ya dijo aquello de que lo importante es hacer las cosas con calidad, no con urgencia.

Tanta ansia, tanta agonía por trabajar, parece mentira, y encima siendo andaluces. Una semana antes o después, tanto da, lo importante es que estemos a gusto y que sigamos buenos. De ahí debe de venir lo de salud y república, tan enriquecedor. El sueño progresista de tener a media España mirando como la otra media trabaja fue ayer una realidad.

Los que subieron la persiana, pocos y desconfiados en la viabilidad de sus negocios, lo hicieron para asomar la cabeza y confirmar que a estas alturas incluso un bar puede pasar por una startup en la nueva normalidad, proceso que lleva su tiempo y cuya financiación no representa ningún problema para quienes hicieron de la cronificación del desempleo y la asistencia social de sus víctimas un modo de vida político que se prolongó durante casi cuarenta años.

Ni siquiera abrir una iglesia al 30 por ciento de su aforo, sin cepillo, como una cafetería sin propinas, trae cuenta en la España andaluza, asistencial y reposada de Díaz y Montero.

Jesús Lillo ( ABC )