TRÁNSFUGAS QUE CUELGAN SIGLAS

Los partidos que exigen ortodoxia y mansedumbre están repletos de arrepentidos. Se afea el transfuguismo cuando está en la esencia de la política. En la vida y en la fábula, los gobernantes, como los alacranes, pican a la rana que los lleva a sus espaldas, en la mitad del río. Grandes políticos cambiaron de túnica o de chaqueta, desde Bruto hasta Churchill y tiene sus explicaciones.

La libertad es la facultad de elegir lo que se crea lo mejor, según si se es proclive al egoísmo o a la generosidad. La democracia también es el derecho a cambiar de idea y a rechazar la disciplina de los partidos, aunque en España se ha abusado de ese derecho y se firmaron pactos de todo el arco parlamentario contra esa práctica de deslealtad. Después el Tribunal Constitucional anuló el acuerdo por vulneración del derecho a la participación política.

Las traiciones se han se han acelerado en estas fechas de elecciones con los casos de ErrejónMesquidaCorbachoSoraya RodríguezBouza y otras decenas de insatisfechos. Como ha dicho con candor el candidato Gabilondo, hay mucha movilidad en los partidos y los militantes cuelgan las siglas.

Muchos políticos que carecen de certezas estables se han pasado al enemigo, sobre todo, cargos del PP a Vox y de Pablo Iglesias a Manuela CarmenaAlbert Rivera ha ido buscando arrepentidos como esos rastreadores de futbolistas y Pablo Casado le ha acusado de alentar el vicio de reclutar prófugos. Isabel Díaz Ayuso dice que Ciudadanos es el partido de los tránsfugas y los pucherazos.

En Podemos Juan Carlos Monedero y Jorge Verstrynge culpan a los tránsfugas de haber perdido millón y medio de votos. Hay fugas insólitas en el PSOE, a pesar de haber ganado las elecciones con la novedad de no auxiliar al vencedor.

Se ha dicho que el modelo del tránsfuga es aquel traidor nato, reptil intrigante llamado Fouché. Ahora se le llama Fouché a cualquier berberecho, a cualquier oportunista mediocre, que se cambia de partido para seguir chupando.

Un respeto por aquellos políticos ilustrados y deslumbrantes –MetternichTalleyrand, Fouché, el mismo Napoleón– que practicaban el crimen con gran sentido del teatro. Fouché en la sombra mandó más que Napoleón, fue un cura que asaltó templos, mató a un rey y logró que el hermano ejecutado fuera testigo de su boda.

El Mefistófeles con guillotina fue tránsfuga no una vez, sino siete: en la Convención, en el Terror, en el Directorio, el Consulado, en el Imperio, en los Cien Días, en la Restauración, después de haber llevado a la guillotina a Robespierre. Una figura al lado de estos berberechos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )