TRAPERO, PUES ADIÓS

El jefe de los Mossos no acudió ayer a la primera reunión para coordinar, bajo el mando de la Guardia Civil, la respuesta policial al referéndum ilegal del 1-O. Mandó a un subordinado, porque a estas alturas Josep Lluís Trapero ya es uno de los tótem que se alzan en el centro de la sardana separatista, casi de la misma talla que Pep, el exjugador de la selección española que apoya mediáticamente el golpe desde Mánchester; o que el abad de Montserrat, que consiente que la homilía de la misa de la Merced en el monasterio se convierta en un mitin contra la “represión del Estado español” y el resto de las paparruchas de las que se alimenta la secesión.

Trapero no acude a la reunión, pero no porque no encuentre la puerta de la Delegación del Gobierno, igual que se le pasaron las 120 bombonas de butano en la casa-okupa de Alcanar habitada por marroquíes con antecedentes penales. Trapero se orienta bien y no acude porque en su cabeza y en la de sus superiores políticos ya funcionan todos como máxima autoridad en Cataluña, igual que el chamberilero Raül Romeva se cree ministro de Exteriores de la fantasmagórica república y hasta se ha editado tarjetas de visita con semejantes ínfulas, como quien lo hacía en aquellas máquinas del metro que le permitían a uno titularse catedrático o director general de lo que fuera.

Al mayor de los Mossos hasta le han sacado camisetas-homenaje con sus desplantes a los no adictos al movimiento separatista. Toda una línea de moda (la camisetilla también es un tótem gracias a la CUP con las que dos “indepes” espabilados se están haciendo de oro estampando el rostro de Trapero y su frase más célebre, “Bueno, pues molt bé, pues adiós”, con que despidió al reportero holandés que se fue de la rueda de prensa porque no entendía el catalán. Trapero es el orden en la Cataluña de Puigdemont, esa arcadia sectaria y excluyente donde no caben (al menos) la mitad de los catalanes, todos los que no se adhieran al pensamiento único.

 No esperen nunca a Trapero en la Delegación del Gobierno, espérenle en cualquier reunión de independentistas tocando la guitarra a un coro compuesto por Puigdemont, Laporta, la presidenta de la empresa bisutera del simpático osito y otros destacados juglares de la cruzada. El mayor de los Mossos ya es parte de la banda sonora del separatismo. Igual que aquel “José Luis y su guitarra” arrasó en la España de los sesenta, Josep Lluís y la suya son número uno en todas las listas independientes.
Alvaro Martínez ( ABC )
viñeta de Linda Galmor