TRES CIGARRERAS EN ANDALUCÍA

Uno de los prejuicios que persiguen a los habitantes del Reino de Andalucía es ser acusados de señoritos. El señorito, caballero andaluz degenerado, ahora está tieso, y ha crecido una clase media de dueños de pymes y empresarios. En un debate electoral de hace años, Chaves le dijo a Arenas: «Usted sigue viendo a Andalucía como un señorito desde su caballo».

A lo cual respondió Arenas: «Un señorito andaluz es alguien que tiene mucho, mucho poder y abusa de él. Reflexione, señor Chaves, sobre quién puede ser ese alguien». Hoy, los bandoleros y los contrabandistas trabajan para la Junta y los jornaleros de las provincias, donde no hay mar, se van a la costa a trabajar en hoteles.

Las elecciones andaluzas van a decidir quién gana la semifinal de las derechas y la semifinal de los nuevos partidos. Tres mujeres de la estirpe de las cigarreras –Susana DíazTeresa Rodríguez e Inés Arrimadas-, que se parecen más a María Pineda que a Carmen la de Mérimée, van a taconear por la Bética para conquistar el tablado de San Telmo.

Felipe Alcaraz, autor de La mujer invisible -el libro de culto de las feministas de izquierdas-, me dice desde Sevilla, donde se desarrolla su extraordinaria historia: «De las candidatas, Susana sólo se ve a sí misma proyectada en todo lo demás. Me gusta Teresa porque sin necesidad de regularse la vista es capaz de ver a la mujer invisible que duerme en una escalera».

Un dirigente del PP explica: «Dicen que el PP va a retroceder, pero yo creo que el que lo va a pasar peor es el PSOE. Tendrá que gobernar en minoría, con la abstención de Podemos». Pero eso repatea a Susana Díaz, le respondo. «Se llevan fatal, pero se necesitan para las municipales y las generales. En 2012, Arenas ganó y, como no llegó a los 55 escaños, el PSOE gobernó con IU. Susana no va a llegar a los 55 escaños y, aunque detesta a Teresa, la va a necesitar para la geometría variable», contesta.

Los de Albert Rivera avisan: el PP debe plantearse que el cambio en Andalucía lo dirigirá Ciudadanos. Juan Martín, el candidato, presume de estar en la línea correcta porque los otros aspirantes van contra él. «El PP ha tirado la toalla», declara.

Como ya no existen verdades, sino opiniones, me pregunto: ¿cómo ganará la derecha en una tierra de trabajadores cuando el anterior presidente del PP dice que está a favor de la banca y el actual dirigente explica que hará lo imposible para impedir que el salario mínimo sea 900 euros? En el circo del asombro provoca alelamiento la impericia de algunos políticos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )