TRES NOTICIAS

Las tres noticias de ayer fueron el asalto a una comisaría en Cornellà, la polémica sobre los lazos amarillos y la exhumación de los restos de Franco. Pese a ser asuntos distintos en lugares diferentes, hay un hilo entre ellas, un sustrato común que refleja la paradójica situación en que vivimos.

Exhumar los restos de Franco hay que tomarlo como abrir La Moncloa al gran público, es una forma de desviar la atención de éste. Sacar de su faraónico panteón a alguien muerto hace medio siglo tiene toda la pinta de una huida no hacia delante, sino hacia atrás, para no contestar a lo que todos los españoles nos estamos preguntando, ¿cómo va Sánchez a responder al ataque que Torra ha anunciado al Estado español? Seguro que fue idea de esos consejeros áulicos que le han llevado en volandas a La Moncloa y han convertido en «información clasificada» el coste de su vuelo al concierto de Benicàsim, como si fuera secreto de Estado. Tan ingenuos nos creen. Y puede que lo seamos.

Lo de los lazos amarillos es más complicado, aunque sólo aparentemente. Si llenar Cataluña de lazos es legal, también debería serlo quitarlos. El «No fijar carteles» no impidió colgar uno para decir a Felipe VI que no era el rey de los catalanes, aunque luego se descolgó. ¿Por qué no van a poder descolgarse los lazos alusivos a los políticos catalanes presos? Aunque lo que sobrepasa todos los límites razonables y legales es amenazar castigarlo con multas de hasta 30.000 euros. ¿En ambos sentidos? No, no, el nacionalismo catalán es de dirección única. Pero hay que reconocer que la Fiscal General del Estado ha mostrado mucha más flexibilidad y humor que la Vicepresidenta al admitir que ambas direcciones son legales.

El problema es mucho más profundo y grave: en 2008, Jordi Pujol dijo «es más difícil integrar a un latinoamericano que a un marroquí, religión aparte», reafirmando la política de la Generalitat de favorecer la inmigración mahometana. Hoy, hay en Cataluña 700.000 musulmanes, mezquitas por todas partes e innumerables imanes. Hasta doña Marta Ferrusola se quejó de ello. No escuchar a su esposa pudo ser el mayor error de don Jordi. Los que sembraron de muertos Barcelona y Cambrils eran de segunda generación «plenamente integrados».

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor