TRES Y SIN TELE

Como casi siempre, el PSOE vuelve a ser el primer partido de España, país que con el minifundio multipartidista actual seguirá estancado en una difícil gobernabilidad. Unas conclusiones:

1.-Los españoles, la enorme mayoría social que conforma este país, no dedican su tiempo de ocio a leer la «Crítica de la razón pura» de Kant y a repasar la filmografía selecta de Ingmar Bergman. Lo que hacen es ver la televisión. Como media, cada día consagran a ella más de tres horas. A pesar del auge de internet, la televisión sigue siendo la gran muñidora a la hora de decantar las decisiones electorales de los ciudadanos. La prensa fija la agenda del debate, pero es la tele la que alzaprima a unos actores u otros, y a una ideología u otra. Y en España, por la espectacular miopía de los gobiernos de Aznar y Rajoy, no existe una sola televisión fuerte de pensamiento conservador. Es casi imposible ganar unas elecciones con toda la televisión en contra (salvo en un caso de emergencia nacional, como la crisis que llevó a Rajoy al poder en 2011). Lo primero que hizo Sánchez al llegar al Gobierno fue hacerse con el control de TVE y ponerla a remar a su favor.

2.-Por si la televisión en contra no supusiese suficiente hándicap, el voto conservador concurrió además dividido en tres marcas. Sánchez se benefició de una de las máximas clásicas de Julio César y Napoleón («Divide y vencerás») y recogió la cosecha de esa fractura. PP, CS y Vox suman 11 millones de votos, lo mismo que PSOE y Podemos. Pero la derecha obtiene 19 escaños menos. Es el peaje de la gran idea de dividirse en tres. Reunificar a la derecha es una tarea urgente (ya vemos para lo que ha servido el calentón visceral de Vox).

3.-Se ha dicho mil veces y es cierto: las elecciones se ganan en el centro. El PP se asustó con Vox y jugó a parecerse a ellos con unos énfasis que no le han rentado electoralmente. Casado equivocó su estrategia -y las caras estelares de sus listas- y ha perdido más de la mitad de los escaños respecto al resultado de Rajoy en 2016. Se ha dejado 71 diputados, pero Vox le restó finalmente 24 y Cs ha crecido en 25. Es decir, descontando la crecida de Rivera y Abascal, el PP ha perdido 22 diputados. El joven dirigente del PP es una persona honorable y es cierto que lleva muy poco, pero un descalabro así debería invitarle a meditar sobre si debe continuar al frente de un partido que ha laminado y que ahora está solo un punto porcentual por encima de Ciudadanos. En una democracia anglosajona daría paso a otro liderazgo. Feijóo y Ana Pastor son hoy las mejores opciones para reflotar al PP.

España inicia otro ciclo PSOE, por la torpeza de dividir la derecha en tres. (PD: Un poco de autocrítica: Tezanos tenía razón, lo clavó).

Luis Ventoso ( ABC )