TRISTE ESTRENO

He estrenado mi ciudad, su luz, la alegría de sus gentes, la fragancia de sus naranjos en flor, la sonrisa nueva de las muchachas, el repeluco de las cofradías por los lugares más hermosos.

He estrenado la emoción al contemplar las lágrimas de los mayores al paso de una Virgen o de un Cristo, lágrimas que conforme han ido pasando los años cada vez he ido comprendiendo mejor, recordando a los que ya no están para poder estrenar con nosotros el mundo cada año en este despertar de la vida del Domingo de Ramos.

Pero les juro por lo más sagrado, por El que está en San Lorenzo y tiene todo el poder y la gloria, porque es Dios mismo que nos salvó, que nunca había estrenado un Domingo de Ramos tan extraño, preocupante, tan lleno de dolor y de muerte, de incertidumbre, de miedo, de silencio, de ciudades vacías, como el de este año.

Nos creíamos que íbamos a echar de menos las cofradías en la calle y ya, con esta angustia, hasta se nos han quitado las ganas de cofradías, esta penitencia absoluta y verdadera de no ver nazarenos y sentirse rodeado por la bulla de tanta desolación.

Antonio Burgos ( ABC )