TRUMP EL DESHOLLINADOR

Donald Trump tiene nombre de pato, andares de gañan, gestos de mal actor, pelo de estropajo, voz de vicetiple y educación de alumno de un reformatorio. Eso es así y negarlo significaría obviar las evidencias que cada día nos ofrecen las televisiones de todo el mundo y las redes sociales a las que es tan aficionado cada vez que quiere molestar o insultar a alguien.

Pero además de todas estas características antisociales y de una elemental  falta de educación cívica, el Presidente de los Estados Unidos  de América posee una cualidad añadida: disfruta entrometiéndose en la política interna de otros países y no se priva de dirigir insultos personales contra sus dirigentes en los días previos a realizar una visita oficial al lugar en el que residen.

Antes de  iniciar su viaje oficial al Reino Unido ha  descalificado a  distintos líderes políticos, a la esposa del príncipe Henry y ha recomendado  al futuro gobierno que rompa por las bravas con Europa, sin que sepamos cuántas otras meteduras de pata tiene previsto protagonizar en las próximas horas.

Cada vez que  hago algún comentario negativo sobre el titular del primer país del mundo  algunas personas que se considera ideológicamente afín a él me dirigen algún reproche con el simple argumento de que cuando gobiernan los republicanos  gestionan mejor la economía del país que los demócratas, porque la derecha siempre es más eficaz en la creación de riqueza y de empleo, como si una buena gestión económica justificase cualquier otro exceso verbal, personal, político o anti social.

Su escasa sensibilidad social,  su desprecio por las formas, sus insultos a la oposición del país, su negativa a entregar información que le reclama la propia justicia, su caótica gestión de equipos, su record de ceses forzados o dimisiones no previstas, sus pagos para silenciar a señoras con las que tuvo relaciones sexuales y su desprecio y boicot a la prensa que es crítica con su gestión en su país, le dibujan como uno de los personajes más indecorosos de las democracias actuales.

No entiendo a quienes justifican o disculpan las conductas reprochables de los políticos por el simple hecho de que simpatizan con su ideología política o económica.

Diego Armario