TUITEROS

Lo tuiteó James Woods, el actor con un CI ofensivo, ahora que América parece condenada:

-Es fundamental recordar sobre la democracia que las personas estúpidas también pueden votar. Lo peligroso de eso es que las personas estúpidas se sienten cómodas cuando votan por otras personas estúpidas. Es un círculo vicioso.

Woods lo tuiteó para la congresista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, una Hannah Arendt al lado de Pedro Sánchez, que este fin de semana, inspirado por el video-fake de un «niño» australiano, él, que se ha negado en redondo a investigar políticamente la prostitución de menores tutelados por el Estado en Valencia y Baleares, metió en un tuit, y en inglés, el Discurso de Gettysburg de Lincoln, pero como lamido por la osa virgiliana de Igualdad:

-Dear Quaden, I do want a fairer world. For you, for everyone. That’s why I’m in politics, to transform it. For you not to be bullied. Trust me, your life inspires us all. I send you a kiss from Spain to you and to your family. Pedro Sánchez.

Ese tuit revela que, en efecto, estamos gobernados por un idiota en el sentido homérico de la palabra, es decir, por alguien que «sólo se instruye por el acontecimiento». Mas si España vuelve a estar como la vaquilla de Berlanga, rodeada de quebrantahuesos en la escena final, hay que decir que Sánchez sólo es el puntillero. Es malo y «levantará» alguna vez al muerto, pero lo apuntillará, porque los matadores ya se fueron de rositas.

El video-fake está pendiente de dos pólizas (la de compasión, que expide Pedro Simón, y la de veracidad, que expide Ana Pastor), pero Sánchez, que sabe de Hernández por Serrat, vio en el «niño» australiano al niño yuntero («¿Quién salvará a ese chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?») y se tiró a él como Superman al gato. Su tuit son las tres líneas escritas que pedía Richelieu para ahorcar a un hombre.

Y, desde luego, la prueba de que no es el tipo que manda en el gobierno.

Ignacio Ruiz-Quintano ( ABC )