Se asombran los autotiluados medios de comunicación social por el hecho de que un canalla haya tenido el ataque de sinceridad de afirmar en el parlamentillo de Vascongadas que ellos -los demócratas de Bildu- van al Parlamento «de Madrid» a tumbar el Régimen.

Al cabo de más de medio siglo de separatismo terrorista basko -que no vasco, no confundir-, que los periodistas amarillos, los tertulianos gilipollas, los bien pensantes y bien piensantes se rasguen las vestiduras, no puede interpretarse mas que como hipocresía o necedad.

Pero aún peor es que se asombren y clamen porque Pedro Sánchez los elija como socios para su Gobierno de frente popular. Desde que apareció ETA, el PSOE la recibió como un aliado; más aún: el PSOE recibió a ETA como un socio político, útil para asesinar en nombre del socialismo, cosa que los etarras no sólo nunca ocultaron, sino que proclamaron su ideología socialista.

Socialismo, claro está, al estilo del padrecito Stalin, cosa que al PSOE nunca le molestó mientras ETA no les mataba a ellos. Tampoco -todo sea dicho- le molestaba demasiado a Suárez que el «precio de la democracia» se pagara con la sangre de los demás.

Hasta ese momento, los etarras eran «luchadores por la libertad«, útiles en el intento de derribar el Régimen de Franco para hacerse ellos con el poder.

¿Qué tiene de extraño que ahora los sucesores de ETA sean, para Sánchez, luchadores por el progresismo y el reformismo?

Rafael C. Estremera ( El Correo de España )