ÚLTIMA HORA

De nuestro corresponsal, John Dos Passos IV. Fechada en el hotel Florida, en el mes de fructidor de 2018.

La caída del Nido del Águila es inminente. Después de setenta años de claustrofobia en blanco y negro, la dictadura estaría llegando a su fin. Así lo ha comunicado el presidente-comandante Sánchez en el centro de mando aerotransportable instalado en el Falcon. El presidente iba vestido con el mono guerrillero que le fue confeccionado a petición de la secretaría de comunicación y del que, combinado con las gafas ahumadas de puto amo, no se ha desprendido desde el comienzo de la guerra. Sánchez, que volvía de liberar personalmente tres campos de exterminio de los situados en la provincia de Ávila y abandonados en su retirada por las tropas franquistas, aseguró que la resistencia en Descuelgamuros es todavía dura por la determinación del fanático enemigo, que habría comenzado a alimentarse con los cuerpos de los hipsters capturados durante la razzia de hace un mes en un festival de cine iraní subtitulado.

La noticia del canibalismo de las huestes franquistas está perfectamente acreditada al haber sido confirmada por tres Pe-Rio-Dis-Tas cuya neutralidad ha sido garantizada por no menos de tres mil tuits borrados por cabeza.

El peso mayor de los combates lo estarían soportando los tanquistas del coronel Iglesias, acogido con lluvias de pétalos en todos los pueblos de la sierra de Guadarrama que ha ido liberando en su avance hacia lo que él denomina el Vientre del Diablo. Aunque corrientes internas de su División prefieren llamarlo la Panza de Belcebú. Las heroicas prestaciones de Iglesias en primera línea han permitido solapar la polémica del cuartel de La Navata elegido por el bravo luchador antifascista para dirigir el asalto y del cual dijo que la piscina era una tentación burguesa que él se imponía para vencerla cada mañana, y que en cualquier caso necesitaba un sótano amplio por si llegaban a caer en sus manos los Romanov.

A pesar de la euforia en el Bando Correcto de la Historia, algunas declaraciones de comandos de los aliados indepes infiltrados en lo que ellos llaman la Guarida de la Bestia, como el gallardo capitán Rufián -no confundir con el rufián capitán Gallardo-, que tantas doncellas castellanas tiene enamoradas por su donosura, aseguran que las tropas victoriosas podrían encontrarse con que el dictador les ha hecho la faena de no esperarlos vivo para escamotearles la entrega en carreta a la justicia popular, la de la Gente.

David Gistau ( El Mundo )