¿ UN 155 CAMUFLADO ?

La gran incógnita a día es si la división del Gobierno surgida por la declaración del Estado de Alarma, que hizo prolongar siete horas el Consejo de Ministros, se profundiza o se salva. Pues ya saben: gobierno partido, país parado. Se culpa a Iglesias, que se empeñó en asistir contra todas las recomendaciones médicas, al tener la mujer con el virus, aunque él no presenta síntomas.

Pero le urgía dirigir las medidas a tomar contra la crisis con lo que él llama política «social y progresista», como ha ocurrido hasta ahora. Pero esta vez se encontró con un Sánchez distinto. Basta ver las fotos del consejo para comprobar la tensión entre ambos: un presidente cabizbajo, los puños apretados y un vicepresidente dicharachero, hablando incluso con las manos.

Sin éxito porque Sánchez se mantuvo en sus trece: «La autoridad competente será el Gobierno», encabezado por él y los titulares de Sanidad, Interior y Transportes, con la de Defensa, encargados de garantizar la distribución de alimentos y medicinas, con poderes especiales.

Ha empezado a desplegarse la Unidad Especial Militar. ¡El Ejército nada menos! Mientras Sánchez advertía a los presidentes autonómicos por videoconferencia que era él quien mandaba. Sólo dos osaron protestar por «usurpación de funciones», Torra y Urkullu, éste sin ofender, aquél con furia, mientras los demás aceptaron e Iglesias volvía a su chalé de Galapagar tan confuso como frustrado.

Para entender lo ocurrido hay que distinguir la crisis del Covid-19 de la crisis de fondo de la economía española. La primera urge cortarla con medidas drásticas que impidan la proliferación del virus. La segunda exige medidas de largo alcance, que detenga la ralentización de nuestro sistema productivo.

Hablamos no sólo de la pequeña y mediana empresa, de quienes dependen la mayoría de los puestos de trabajo, sino también de las grandes, que se ven afectadas por factores como el déficit, la inestabilidad institucional y la desconfianza en la clase política, empezando por la que gobierna.

Y tengo la impresión de que Sánchez, harto de que los independentistas catalanes le pidan lo que no puede darles y de que la pesadilla de tener a Iglesias en el Gobierno se haya hecho realidad, intente usar la crisis del virus para volver a una política económica mucho más pegada a la tierra. Para decirlo sin rodeos; que el decreto del estado de alarma sea un 155 camuflado.

Sé que es muy aventurada la suposición, alguno diría incluso temeraria, pero conociendo al personaje, para quien sólo cuenta seguir en La Moncloa a cualquier precio, y visto que sus posibilidades se reducen, a nadie extrañaría que intentase este salto mortal en apariencia.

Pues bastantes de su partido le apoyarían. Iglesias puede pensar que una vicepresidencia bien vale una misa. Urkullu puede contentarse con conservar los privilegios. Junqueras, con ser president honorífico de la Generalitat y Torra tendrá que conformarse con el derecho al patale

¿ O son faroles, como cuando creyeron que el 155 era letra muerta ?

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor