La claque del PSOE y la caja B de Podemos. Ahí está todo. El liderazgo en la caída del PIB y el podio en la tasa de muertos. El infinito y más allá. El aplauso de la rehala a Sánchez es pandémico porque infecta el cerebro. El síntoma más claro de ese virus es que se deja de pensar.

Quien se contagia, muere de forma súbita en cuanto le dé por pensar algo, lo que sea, en Pocholo mismo. Todos saludan al jefe como se jalea a Kim Jong-un. El que pare primero no irá en la siguiente lista. ¿Quién está dispuesto a arriesgarse a ser un currante con lo cómodo que es un escaño?

En la política de hoy nadie sabe quién fue August Landmesser, aquel alemán que se cruzó de brazos en el saludo de la marabunta al führer. Hay que hocicar para papear. La política moderna se aprende en el Gol Sur. ¡Cómo no te voy a querer! Para triunfar en ella es imprescindible tener unas buenas glándulas salivales.

La suerte que tienen los vasallos es que ahora se obliga a la gente a ir enmascarada. Pueden taparse el rostro por si alguna vez tienen que fugarse de la posteridad, que es peor prisión que cualquiera de África. Con el tiempo, pasará lo contrario que en el primer concierto de los Beatles.

En el pequeño Cavern Club cupo gente, chispa más o menos, para llenar seis veces Anfield. En el Congreso de los Diputados el día de la ovación al presidente no habrá estado nadie. ¿Quién admitirá que participó en esa aclamación dirigida con batuta cuando se pronuncie la historia y se calle la propaganda?

Las academias acabarán escribiendo que en España un montón de diputados y cargos dactilares de variada ralea aplaudieron al presidente que trajo a España la mayor caída del PIB de toda Europa, el de los 50.000 muertos, el que superó en parados a Grecia y el del pacto con los antisistema, filoetarras y sediciosos. Apuesto mi mascarilla a que para entonces ese aplauso jamás habrá existido.

Jamás habremos visto a Fernando Simón haciendo surf en Portugal una vez que ha pregonado que la cuarentena británica nos viene bien. Nunca el doctor habrá dicho, tras desvelarse que el comité de expertos que asesoraba al Gobierno durante la pandemia era una patraña, que no quería dar sus nombres para ahorrarles presión.

La Moncloa habrá borrado el tuit en el que mostraba un postureo del presidente supuestamente reunido, sin abrir el plano para ocultar la mesa vacía, con el areópago que le iluminaba en sus decisiones. Y tampoco Sánchez e Iglesias se habrán saltado la cuarentena a pesar de tener casos positivos en sus hogares para ir al Consejo de Ministros a cambiar la ley del CNI. Ni el abogado de Podemos habrá confesado nunca que había una caja B en el partido para pagar sobresueldos.

Cuando todo esto pase, lo que habrá ocurrido es que la mayoría de los muertos se habrán registrado en las comunidades gobernadas por la derecha mientras el deífico presidente Sánchez conseguía un acuerdo histórico en Europa gracias a que tiene el C1 de inglés.

Él habrá sido en su omnipotencia divina el comité de expertos entero, el cosmos y el numen de España. El confinamiento sólo se lo habrá saltado Mariano Rajoy para darse una caminata con la que desfogar su ira diabólica.

Sólo habrá pagado sobresueldos Bárcenas a través de la caja B de Génova y ese será por siempre el mayor escándalo de la historia porque todos sabemos que no es lo mismo pagar en negro a un facha miserable que a un rojo bienaventurado.

Y nadie hablará de otra cosa que no sea la patética moción de censura de Vox, que le ha hecho el favor de su vida al Gobierno justo cuando entramos en una entrañable recesión técnica.

Yo tenía previsto, por dar un poco la lata, hacer como Landmesser ante Hitler y cruzarme de brazos. Pero la verdad es que Sánchez se merece un aplauso. Qué tío.

Alberto García Reyes ( ABC )

viñeta de Linda Galmor