UN AUTOR NINGUNEADO POR EL NACIONALISMO

Marsé es el último clásico que nos quedaba vivo, sin duda ninguna. Su obra es magnífica, pero solamente por haber escrito «Últimas tardes con Teresa» merece figurar entre los grandes nombres de la literatura europea.

Retrató un mundo y una generación con un trabajo y una minuciosidad tales que cuando uno quiere comprender lo que fue la Cataluña de los charnegos, la Cataluña social de los años cincuenta y sesenta, es imprescindible acudir a su obra. Marsé es la Barcelona de mediados del siglo XX de igual modo que Quevedo es el Madrid de los Austrias o Galdós es el Madrid del XIX.

Quiero añadir una cosa. Lo que ha sido miserable es el trato que han recibido Marsé y su obra en Cataluña, a pesar de sus cientos de miles de lectores, por parte de los políticos nacionalistas. Tener a Marsé vivo era un lujo. Lo que tenían que haber hecho es pasar por delante de su casa y pararse allí a saludarle. Sin embargo, esos políticos lo han procurado ocultar, ningunear y olvidar todo lo que han podido.

Aún así, no lo han conseguido. La obra de Marsé está por encima de todo eso. Permanece. Pero es bueno recordarlo ahora, porque muchos de ellos se apuntarán al elogio al escritor muerto. En vida no le dieron ni los homenajes, ni el respeto ni el respaldo que tenían que haberle dado. Era el último de nuestros grandes escritores.

Marsé siempre se mantuvo libre. Era honrado, coherente y valiente, y así tenemos que recordarlo, porque lo fue hasta el final. Jamás inclinó la cabeza ante nadie, jamás hizo una genuflexión ante los poderes políticos que tanto presionaron y presionan todavía en Cataluña sobre la cultura. Fue libre, orgulloso e independiente.

Me siento orgulloso de mi relación con él, aunque no fue íntima, pero celebro mucho haberlo conocido bien. Por eso quiero que quede constancia del miserable ninguneo y la marginación a los que ha sido sometido por los políticos nacionalistas catalanes.

Arturo Pérez-Reverte ( ABC )