UN CHUPITO DE » JARABE DEMOCRÁTICO »

Tal y como él se lo administraba a todo político que osaba acercarse a la universidad cuando no era más que Pablo Iglesias Turrión -profesor interino, soltero y con domicilio en un pisito heredado de su tía-abuela en Vallecas-, el hoy vicepresidente segundo del Gobierno -con residencia en un chalé de Galapagar de 800.000 euros y escolta oficial en la puerta- hubo de tomarse un amargo chupito de aquel «jarabe democrático» que en aquellos años él recetaba a la «casta».

Al grito de «fuera vendeobreros de la universidad», Iglesias parecía del todo desconcertado, con el repeluco que da tras un mal trago, por el hecho de que sus «compañeros» (así los llamó) no escucharan sus «consideraciones».

En realidad, el discurso de los reventadores era argumentalmente tan zarrapastroso como la monserga que él se largaba en su etapa de «escrachista», pues esos chavales maleducados y vociferantes son parte de su «obra». Ellos son él hace apenas unos años.

Probablemente a muchos de ellos se les pasará con el tiempo esa estéril y tontusa rebeldía, ubérrima en sandeces, porque el tiempo lo cura casi todo. A él, eso sí, no se le pasó hasta que preparó la mudanza desde la barriada obrera al chalé serrano y el posterior traslado a La Moncloa, su definitivo asalto al «cielo».

En esas cajas fue metiendo aquellas encendidas arengas, los principios «irreductibles», la tienda Quechua del 15-M y los charlotes de «La Tuerka», de la misma manera que se acabaron en Podemos las limitaciones del sueldo oficial (ahora que con lo suyo y lo de Irene la cosa se va a los 10.800 euros al mes) y de mandatos, que ya van por doce los años que espera estar al frente del movimiento populista.

Se creía Iglesias que le iban a indultar ayer aquellos que hoy son él hace unos años. Pero no, tocó jarabe pese a que se cuidó de mandar a los fotógrafos adentro para que no inmortalizaran su regreso a la universidad con coche oficial y escolta.

Y eso que se hizo acompañar por Álvaro García Linera, el chavista encargado de montarle el régimen a Morales, que Evo estaba más para las fotos con los Castro que para esos trajines. Otra vez, un miembro del Gobierno lavando la imagen de un tipo que acaba de intentar dar un golpe en su país a través de un pucherazo electoral. Su fascinación por los golpistas no conoce fronteras.

Ayer en la Complutense solo faltaron Ábalos y Koldo (por si la cosa se ponía más fea) resolviendo brillantemente otro incidente diplomático, el mismo día en que Iglesias cayó en la cuenta de que ya es «casta».

Álvaro Martínez ( ABC )