UN CIRCO INDIGNO Y UN CAMBALACHE

La sesión constitutiva de la XIV legislatura derivó en un esperpento propio de un espectáculo circense y no de una democracia consolidada. Meritxell Batet fue reelegida como presidenta de la Cámara Baja en segunda vuelta, pero la jornada estuvo marcada por la división de las principales formaciones de cara al reparto de los miembros de la Mesa del Congreso.

El PSOE, que durante la campaña electoral atizó el miedo a Vox, prefirió quedarse con el puesto de la Vicepresidencia primera en lugar de abrirse a un pacto con PP y Cs para impedir el acceso a la Mesa del partido que lidera Abascal. Pedro Sánchez, partidario teórico de aislar a la derecha radical, antepuso los intereses de su grupo para hacer pinza con Vox contra Cs.

Este periódico ha rechazado siempre los cordones sanitarios. No son constructivos ni aceptables en democracia. Ahora bien, resulta de una obscenidad descarada que el mismo partido que alienta la polarización no tenga reparos en transigir con los extremos cuando le conviene por razones partidistas.

Controlar el órgano rector del hemiciclo resulta particularmente relevante teniendo en cuenta que estamos ante el Parlamento más fragmentado de la historia, con 19 fuerzas políticas representadas. PSOE y Podemos se reservaron tres puestos cada uno en la Mesa, frente a los dos del PP y uno de Vox.

Que el partido de Pablo Iglesias, con 35 escaños, tenga un miembro más que los populares refleja la aberración de un acuerdo que relega a la formación naranja. Lo primero que planteó el PP era un pacto con Cs y Vox, pero los de Abascal lo rechazaron.

El PP mantuvo su apoyo a Cs, que necesitaba un mínimo de cinco votos prestados para imponerse a Vox en las votaciones. En última instancia, ni Abascal quiso respaldar la oferta del PP, que procuraba cuatro asientos al centroderecha, ni Sánchez se avino a la propuesta planteada por Casado y Arrimadas.

Este chalaneo de cargos empeora el circo representado en la Carrera de San Jerónimo. Además del reproche al conjunto del arco parlamentario que se permitió el presidente de la Mesa de Edad, el socialista Agustín Zamarrón -como si su partido no fuera el primer culpable del bloqueo-, hay que consignar la llamada al orden a la diputada de ERC Marta Rosique, quien aprovechó para aludir a los dirigentes condenados por sedición en la lectura de la lista de electos.

Después, Batet autorizó fórmulas de acatamiento constitucional humillantes por parte de los aliados de Sánchez. Y ello pese a que Cayetana Álvarez de Toledo recordó a la presidenta las sentencias del TC que delimitan la liturgia de este acto.

Resulta indigna la abdicación de Batet a la hora de frenar a los parlamentarios que confunden las Cortes con un plató. Tanto la madeja de negociaciones sobre los puestos de la Mesa como el barullo de las fórmulas de acatamiento de la Constitución preludian una legislatura de inestabilidad y zafarrancho.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor