UN CRIMEN MUY CORAL

No ha pasado una semana del asesinato de Víctor Laínez por uno de esos héroes antisistema que fabrica al por mayor la izquierda catalana y un aplastante silencio mediático ha caído sobre su recuerdo. La primera razón es que el muerto no era separatista. De serlo, no hablaríamos de otra cosa y marcaría las urnas del jueves. La segunda es que cada vez sabemos más del asesino, tan presunto él; y tan presumido, porque el periodismo progre lo convirtió en símbolo de la lucha contra España y ayudó a su excarcelación tras sólo dos años a la sombra. Vamos conociendo detalles del multitudinario coro de su primer crimen, encabezado por los más veteranos artistas en esa expendeduría de carnés de demócrata que convierte a los comunicadores progres en multimillonarios, merced a las concesiones televisivas y radiofónicas del PP, el PSOE y los nacionalistas. Y a su talento, claro.

Ayer, en un artículo antológico, se preguntaba Cristian Campos en El Español si el asesino hubiera llegado a serlo de no haberlo convertido en héroe la infame turba periodística que despreció a su primera víctima, el guardia al que dejó tetrapléjico de una pedrada; si no le animaría a dar el paso definitivo de matar a patadas a un facha el apoyo emocionado que a la película Ciutat morta, promovida por la mamá del criminal, dispensó, en su onda, Julia Otero: «Como víctima de ese proceso, aquí tenemos a Rodrigo Lanza». O Jordi Évole: «Gracias por mostrarnos otra versión de los hechos, la que se quiso silenciar, gracias por denunciar la tortura y por no estigmatizar a nadie por algo tan superficial como su estética». (El Periódico,19.1.2015). A su «admiración eterna» se unió, raudo, el Rufián.

La víspera de cosechar tan sentidos elogios, el Col·legi de Periodistas de Catalunya había prestado su sede a la mamá de Lanza y Ciutat morta (Pablo Iglesias, conmovido, la recibió después en su bodálico seno) para acusar a la policía de torturar y a la Justicia de hacer un montaje. Raro es que no acusaran al tetrapléjico de autolesionarse, técnica propia del agit-prop separatista. Ningún periodistón se asomó a otra versión de los hechos: la familia de la víctima o la sentencia. Todos loaron y compadecieron al criminal; y éste, animadísimo, insistió en su heroísmo.

Por eso salió de la cárcel y mató. Por eso ahora calla su club de fans.