UN DÍA TRISTE EN LA HISTORIA DE ESPAÑA

Todo se pega. Cuando uno se arrima y (casi) confraterniza con gente que no tiene ningún respeto por la Justicia termina por contagiarse de su ninguneo al Estado de Derecho y a las normas que lo rigen.

Escuchar a un sujeto inhabilitado por desobedecer a la Justicia, hablando como si tal cosa, desde la sede del poder ejecutivo es una muy mala noticia para España y traslada una pésima impresión de lo que está ocurriendo, de quién está ganando esta batalla. El mismo Pedro Sánchez que no hace tanto consideraba que «el señor Torra no es más que un racista, es el Le Pen de la política española», ayer le ponía mesa y atril de Estado a ese mismo racista

 para que se dirigiera desde allí a los españoles a los que lleva meses amenazando con otro golpe de Estado, con partirles la patria a esas «bestias carroñeras, con forma humana que tienen una tara en el ADN, hienas que destilan un odio perturbado y nauseabundo».

Casi daban ganas de llorar ayer al escuchar en La Moncloa al «Le Pen de la política española», henchido de ego tras las enormes tragaderas sanchistas, ensoberbecido e indemne pese a estar inhabilitado judicialmente, como diciendo «por aquí es por donde me paso yo las leyes españolas».

Daban ganas de llorar al contemplar al «racista» en el atril porque nunca sospechamos que desde La Moncloa se transigiera con quienes pretenden darle un sonoro puntapié a la Constitución Española ni que se encumbrara a una partida de separatistas para que hablaran de igual a igual al Gobierno de España.

Colma la pena y el coraje comprobar que a aquel impresentable racista (en palabras de Sánchez) no solo se le cede La Moncloa sino que se le abre la sala reservada a las comparecencias de los líderes extranjeros que visitan el palacio presidencial, más grande y espaciosa que la que normalmente se dispone a los presidentes autonómicos (gente muy menor para el sanchismo) que acaban de entrevistarse con el presidente del Gobierno.

En ese atril, en ese cambio de sala, en ese privilegio inmerecido a quien persigue dar un nuevo golpe de Estado y partirles la patria a los españoles, yace la igualdad de todos que consagra la Constitución. En ese atril, en definitiva, se esconde uno de esos días que se escriben en el libro de la historia triste de España.

Álvaro Martínez ( ABC )