UN DUELO DESESCALADO

A Adriana Lastra le suelen echar en cara, como presunto demérito, su falta de experiencia en el entorno empresarial y su confinamiento socialista, como militante de clausura. Lo hacen quienes ignoran que los partidos políticos son feroces compañías privadas en las que priman la competitividad, el bandazo, los reflejos para no quedarse atrás y la escalada sin fases.

Ascender allí, incluso sobrevivir, es más difícil que en el consejo de una empresa cotizada o en una residencia de mayores. A Lastra le sobra currículum. Tampoco anda mal de coherencia. Ayer se presentó en el Congreso con un atrevido y fresquito conjunto veraniego, avance de temporada de la nueva normalidad, para cuando reabran las playas, los chiringuitos y las sombrillas.

Con su impecable estilo Ferraz-chic, Lastra se ajusta a la etiqueta decretada por Sánchez para estos días de entretiempo y evasiva, en los que la curva de muertos y de muertas va aplanando el duelo social y favoreciendo la declaración de un luto nacional, más llevadero según pasa el tiempo, cuya entrada en vigor va a coincidir con la liberación del pueblo cautivo y olvidadizo y la superación de fases, íntimas o públicas.

El color negro y las banderas a media asta serán preceptivos «tan pronto como las calles vuelvan a ser transitadas en nuestro país y los edificios oficiales, visitados», dice Sánchez, para quien el luto oficial forma parte de su estrategia de comunicación. Le ha dedicado más tiempo a prepararlo -varias semanas, asegura- que a prevenir y amortiguar el desastre del Covid-19. Desde lo del 8-M su Gobierno no se había volcado tanto en una causa.

Sánchez consagra así una forma de hacer política basada en el anuncio publicitario y el precalentamiento en la banda. Lo hizo incluso con el estado de alarma, paradoja de la premura dosificada, y se lo ha contagiado a Pablo Casado, que ayer, en un alarde de distanciamiento social, anunció que dentro de dos semanas su partido votará no a una nueva prórroga de la excepcionalidad sanchista. «A la próxima llamo al 016», diría una víctima de malos tratos que de momento se abstiene.

Con corbata negra, Casado es congruente con el luto que desde hace semanas exige su partido, tanto como Adriana Lastra cuando viste de colores el optimismo primaveral y oficial de su partido. Falla y suspende el líder de la oposición en la coherencia que distingue a la portavoz del PSOE, sin embargo, cuando desde la tribuna llama mentiroso a Sánchez, se sorprende de que no se le caiga la cara de vergüenza, lo califica de error absoluto, le pide decencia y luego se abstiene. Le va a coincidir el no con el luto.

Ya han puesto los anuncios.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor