UN ECLIPSE DE LA INTELIGENCIA

En ausencia de ideas, manda el odio. La política española es territorio de espíritus no demasiado ilustrados. A la política acaba yendo a parar lo peor de cada casa: quídams que de ningún otro modo lograrían ganarse el condumio. Nadie que posea talento estaría dispuesto a malograr su vida en la condición sierva de un apparátchik: epítome de la grisura bien pagada.

Los que tienen más aguante o mejor instinto asesino llegan, con un poco de suerte, un mucho de padrino y un demasiado de codazo en el hígado al colega, hasta el vértice de su partido. En circunstancias óptimas, pueden incluso llegar al Palacio de la Moncloa. «No te lo vas a creer, Mari Pili, pero me han hecho presidente del Gobierno» debiera ser la divisa del triunfador político.

Basta hacer una relación de los títulos y saberes de los parlamentarios españoles para echarse a llorar y no parar en siglos. En cuanto a los gobiernos, ¿alguien recuerda las titulaciones académicas de los ministros de aquel onírico Rodríguez Zapatero?

En ausencia de conceptos, el odio ha tomado dimensiones sencillamente locas. Odia el que gobierna a quien aspira a gobernar en lugar suyo. Odia el que perdió el gobierno a aquel que le quitó la silla. Odia a todos el que aún no ha disfrutado de la púrpura… Podría ser cómico el espectáculo de esa gente que sueña sólo con acuchillarse.

Podría serlo, si ese deseo no estuviera siendo proyectado sobre la pobre gente, la que nada ganará nunca ni con el gobierno de uno ni con el de los otros. El odio de los necios está siendo transferido a la sociedad española. Es un veneno mortífero, un eclipse total de la inteligencia.

Gabriel Albiac ( ABC )

viñeta de Linda Galmor