UN ESQUIMAL EN LA UNIVERSIDAD DE TOMBUCTÚ

El doctor Sánchez -según desvela, una vez más, Javier Chicote en ABC- no sólo le regalaron el título a cambio de una tesis plagiada, sino que, además regaló él mismo después otros doctorados sin tener la experiencia académica necesaria para otorgarlos. Es fabuloso el grado de desfachatez en que ha caído esa Universidad que mancha el nombre de nuestro premio Nobel, el gran don Camilo.

Hemos hablado muchas veces del descrédito en que sumió a la Universidad Rey Juan Carlos el que hubiera montado un chiringuito que daba unos títulos de posgrado a cambio de escaso esfuerzo académico y aceptando amplias convalidaciones -y lamento mencionarlo en el día de la defunción del profesor Enrique Álvarez Conde, que en paz descanse.

Pero los alumnos que se acogieron a esas convalidaciones no hacían más que aplicar la legislación vigente -instaurada por los socialistas- y emplearla en su legítimo beneficio. Lo del doctor Sánchez y la Camilo José Cela no tiene nada que ver. Es mucho más grave. Porque cualquier profesor puede plantear unas pruebas de mayor o menor dificultad según él estime oportuno en cada momento.

Lo que jamás puede aceptar un profesor y un miembro de un tribunal académico es un plagio. Y todo el mundo sabe que el doctor Sánchez es un plagiario. En ABC llevamos siete meses esperando a que cumpla su amenaza de querellarse por haber contado esta verdad al mundo entero. Pero no lo hace porque es verdad y someter su caso a un tribunal sería humillante para él. Al menos en campaña electoral, que es donde él vive desde el pasado 1 de junio.

Es difícil acumular mayor descrédito académico que el de la Universidad Camilo José Cela. Porque no sólo hizo la vista gorda ante el plagio del doctor Sánchez, sino que permitió al plagiario evaluar a otros doctorandos. Si hace un año se decía que tener un máster en la Rey Juan Carlos era un descrédito, hoy podemos decir que estar doctorado por la Camilo José Cela equivale a tener el «título» de esquimal por la Universidad de Tombuctú.

En una economía de mercado normal, las graves irregularidades de la Universidad Camilo José Cela, que es un negocio particular, acabarían llevando a ese centro al cierre por su desprestigio, máxime con la alta competencia que hay en el sector. Veremos si eso se cumple en España o no.

Porque está claro que el alumno más conocido de esa Universidad tiene que sentirse muy cómodo con la enseñanza que allí se imparte. Un hombre que ha fundado su carrera política en la mentira tiene que respaldar a un centro académico que fabrica doctores a cualquier precio y de cualquier manera.

Falsos doctores, no porque su título no sea legal. Falsos doctores porque su supuesto conocimiento de una materia no ha sido contrastado por quienes están capacitados para hacer ese juicio. Títulos basura.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )