La semana pasada volví a tratar el crimen del aborto y en el Consejo de ministros del martes pasado se aprobó un anteproyecto de ley que va a dar «barra libre», a este terrible acto, permitiendo a menores de 17 y 16 años perpetrar el horrendo crimen sin necesidad de autorización paterna. También quieren aprobar la baja de tres o más días por menstruación dolorosa. Otro disparate más de esta gentuza.

Autónomo, como tengas en tu pequeño y medio arruinado negocio una o más trabajadoras, te vas a enterar. La izquierda es un cáncer que lo pudre todo y para solucionar este gran problema solo hay un camino y ese camino es simple y llanamente ilegalizar todos sus partidos y todas sus actividades sociales y meter en la cárcel a todos sus líderes. Socialistas, comunistas, anarquistas y a toda la ralea progre, hay que borrarles de las sociedades de forma contundente o ellos nos convertirían en esclavos.

Es cosa sabida que la izquierda es inmoral y que dentro de su hoja de ruta destaca como objetivo prioritario la corrupción de menores y en eso están diariamente.

En las Islas Baleares. En el feudo socialista de la inmoral, Francina Armengol, no únicamente tiene bajo su responsabilidad el vergonzoso caso de la prostitución de menores en los centros de acogida, sino que, a este hecho, que es de enorme gravedad, se suman reiteradamente otros, y no pasa nada.

Un ejemplo. Hace unos días en El Instituto Berenguer de Anolla de Inca y dentro del programa Convivexit, se presentó un invertido disfrazado, o sea un/a Drag Queen, así los denomina la izquierda progresista, con una camiseta que llevaba escrito en grandes letras el lema «MI COÑO. MIS NORMAS».

El mamarracho que dio la conferencia Trans que versó sobre todas las barbaridades de sexo anormal imaginables, la llevó a cabo en la clase de lengua española, para adolescentes de cuarto curso de la ESO. Menores. Con una media de 15 años, El individuo en cuestión procedía de la Asociación Balear. Diversa. Esta canallada, repito, se perpetró en un Instituto público. Sin conocimiento de los padres y con el beneplácito del Ayuntamiento de la localidad, Comunidad Balear y lo que es más triste, con el aplauso de la AMIPA.

Esta sociedad tiene que despertar de una vez y terminar de raíz con esta gentuza a la que no le basta con el crimen y el devastar la economía, arrasando todo en beneficio de ellos y sus colegas hasta llevarnos a la miseria a toda la sociedad, sino que también están atentando sin disimulo contra la moralidad de nuestros hijos. Esto de Baleares es solo un ejemplo. Lo del aborto que aprobaran para que menores, como indicaba al principio de este artículo, de 16 y 17 años, sin consentimiento de los padres, es dar otro paso más contra la familia y, sobre todo, contra la autoridad de los padres.

Hay que eliminarlos con la fuerza de la ley y con urgencia. Si alguien pasea por cualquier localidad alemana una foto de Hitler o una esvástica tendrá muchos problemas con la justicia y es sencillo saber por qué. Está prohibido desde hace mucho tiempo en este país el nazismo y toda su simbología. Esta es la clave. El día 1 de mayo, con gran dolor y asco, vi desfilar por la Gran Vía de Madrid a esta gentuza de la izquierda ondeando banderas republicanas y soviéticas. Están atentando contra la inocencia de nuestros hijos.

Los quieren pervertir. Son el futuro de España y los quieren convertir en peleles analfabetos e inmorales para controlarlos y se lo estamos permitiendo. Este país cada vez se parece más a un estercolero y cada día que pasa sin que hagamos nada es una jornada perdida sin dar batalla. A este paso perdemos la guerra. Este cáncer solo se cura con cirugía. Esa cirugía se llama ilegalización y persecución. O la llevamos a efecto, o termina con todos nosotros.  Para sus propósitos es clave lo que quieren hacer con nuestros hijos, minando su moral y su inocencia.

«Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar» (Mt, 18,6 ss)» ¿Les suena? Pues eso…

Alejandro Descalzo ( El Correo de España )