UN FRACASO QUE DEBILITA A ESPAÑA

El fracaso de la candidatura de Nadia Calviño a la presidencia del Eurogrupo es una pésima noticia para España. Calviño concurría con el apoyo expreso de PP, Cs y Vox en España y el de Merkel y Macron en Europa, pero sale derrotada de una votación en la que contaba en principio con el sí de las potencias más poderosas de la Unión.

Y lo hace después de que el Gobierno retirase a Arancha González Laya de la carrera para presidir la Organización Mundial del Comercio con el objetivo de no dividir fuerzas y fortalecer la candidatura de Calviño. Ahora España no cuenta con ninguno de los dos puestos -queda, a modo de consolación, la aspiración de Pedro Duque a dirigir la Agencia Espacial Europea- y queda sumida en una dolorosa irrelevancia en el concierto europeo cuando más necesario es hacerse oír.

Este fiasco obliga a un ejercicio de autocrítica. Por un lado, Sánchez debería reflexionar sobre si realmente comprometió todas sus energías en la apuesta por Calviño: se centró en los grandes y olvidó a países pequeños cuyo voto cuenta lo mismo.

Además, los enfrentamientos de su vicepresidenta tercera con su vicepresidente segundo no son ningún secreto; el más sonado de todos se produjo cuando Calviño desautorizó por la tarde el pacto para derogar íntegramente la reforma laboral que Iglesias había defendido por la mañana. 

La derrota de la ministra de Economía debilita no solo a España en Europa sino su propia posición en el Ejecutivo de coalición, y supondrá un acicate para el envalentonamiento de Iglesias, a quien Sánchez necesita para concluir la legislatura.

Por otro lado, este fracaso no hace más que agravar el ya viejo cuestionamiento del papel de España en Europa, un peso demasiado ligero para la cuarta economía del euro. Parece obvio, por lo demás, que los incumplimientos presupuestarios de María Jesús Montero han proyectado en Bruselas la imagen de un país poco fiable. Y eso no ayuda en las votaciones.

Calviño encarna la moderación en una coalición de Gobierno cuya vocación radical es evidente en estructura, programa y alianzas. Su derrota no puede llegar en momento más inoportuno. La recesión que trae causa del severo confinamiento ya hace sentir sus peores efectos sobre la sociedad española.

El Banco de España, el FMI y las propias instituciones europeas pronostican que nuestra economía será una de las más castigadas del mundo, precisamente porque ha sido una de las más golpeadas por la pandemia.

La tardanza en la toma de decisiones -justificada por Sánchez, en un asombroso alarde de falta de liderazgo, por la incomprensión con que habrían sido recibidas por los españoles: como si fueran menores de edad incapaces de entender la necesidad de un confinamiento a tiempo- se acabará traduciendo en una dura crisis que requerirá del auxilio europeo.

A la negociación de los fondos de reconstrucción se llega de antemano con sensación de derrota.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor