UN GESTO ” PACIFISTA ” TAN CARO COMO IRRESPONSABLE

Decía Tarradellas que lo peor que se puede hacer en política es el ridículo. Y uno monumental está haciendo el Gobierno con la decisión de romper un contrato de venta de 600 bombas inteligentes a Arabia Saudí, un gesto de pacifismo propagandístico que nos puede salir muy caro a los españoles. Como cabía esperar, Riad no se ha quedado de brazos cruzados ante la ofensa diplomática y en la bahía de Cádiz se han activado las alarmas por los serios temores a que la Petromonarquía dé marcha atrás en la compra de cinco corbetas que iba a construir Navantia, y que garantizaban la supervivencia del astillero en los próximos años y 6.000 empleos. Y otros importantes contratos penden de un hilo.

Aturullada, la portavoz del Gobierno a duras penas atinó a decir ayer que lo de no vender las bombas ya no era una decisión tomada, sino una mera declaración de intenciones. Estamos en el inicio de una rectificación en toda regla, como viene ocurriendo con la práctica totalidad de las medidas de este Gobierno. Sólo que en este caso quizá la enmienda llegue demasiado tarde, porque ya hemos visto en el pasado cómo se pagan las frivolidades diplomáticas con los países del Golfo.

Perder su confianza es fácil, pero restaurarla, muy arduo. En concreto, el contrato de Navantia ha sido fruto de una intensa labor al más alto nivel durante tres años, que ha exigido mediación de la Corona. Que se arruinara por la irresponsabilidad del Gabinete de Sánchez sería extraordinariamente grave. La misma presidenta andaluza, preocupada por los efectos en las inminentes elecciones, exigió ayer a Moncloa una solución inmediata.

El Gobierno justificó su anuncio en una resolución -no vinculante- del Parlamento Europeo que insta a no vender armas a países como Arabia Saudí, en este caso por su intervención en la guerra de Yemen. Pero, al margen de que una política seria en este terreno es incompatible con gestos improvisados para la galería, el hecho de romper un contrato ya firmado -las bombas ya estaban pagadas- supone acabar con la seguridad jurídica en materia comercial con terceros, algo inadmisible.

Además, se vuelve a poner en evidencia las contradicciones que sectores de izquierda tienen con este tipo de asuntos y con qué demagogia los abordan. Kichi, el alcalde gaditano de Podemos, lo asumió de forma gráfica: “Nosotros no decidimos las guerras”. La responsabilidad exige abandonar el pacifismo impostado y conjugar la lucha por los derechos humanos con la realpolitik sin poner en riesgo el interés general.

El Mundo