UN GOBIERNO CON LA CHAQUETA GRANDE

No es paro, es parálisis. Los datos de desempleo no tienen que ver con la falta de oportunidades, sino con el mandamiento de anestesia general que ha promulgado el Gobierno para poner las velas del barco rumbo a la revolución aprovechando la pandemia. Política emética. Vomipurgante. La última rueda de prensa de Pablo Iglesias sirve como metáfora exacta de lo que hay tras su verborrea taimada. Salió a hablar con una chaqueta que le quedaba gigante, al menos tres tallas más grande.

Es decir, llevaba el traje de otro. Iba disfrazado. Era un trasunto. Siempre se ha puesto ropa de demócrata para esconder su verdadera osamenta bolivariana y siempre le ha quedado grande la democracia. España está hoy, en la mayor crisis general desde la Guerra Civil, secuestrada por un grupo de estalinistas que aplican a rajatabla y machamartillo el viejo lema de su líder espiritual: «La sangre es el carburante de la historia». Para ellos, esta es una oportunidad única.

La revolución es ahora o no será nunca. Saben, porque lo llevan herrado a fuego en sus cromosomas ideológicos, que las catástrofes siempre son coyunturas extraordinarias para la instauración de su modelo social. El miedo atenaza al pueblo porque el instinto de supervivencia es más básico que el de libertad. Es más fácil controlarlo cuando teme por su vida que cuando puede disfrutarla en plenitud. Ese es, de hecho, el fundamento de todos los populismos: hacer patria de la desesperación común.

Iglesias ha tensado sin pudor la relación con Sánchez en una estrategia maquiavélica, fría y mezquina, que consiste en imponer sus medidas bajo cuerda y que luego las venda el presidente. El PSOE se achicharra mientras Podemos ensancha su poder. Como en la fábula de la tortuga y el escorpión. Cuando estemos llegando a la orilla, Pablo hundirá a Pedro con su veneno.

Por eso existe ya un movimiento serio de varios ministros socialistas para frenar esta deriva y convencer a Sánchez de la necesidad de romper con sus actuales socios antes de que el partido sea fagocitado por el dragón marxista. Stalin ya alertaba de que «los actuales políticos socialdemócratas son verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero».

Traidores de la causa. Por eso a Podemos sólo le interesa el PSOE para coger impulso. Y mientras más tiempo dure este pacto sórdido, más hundida quedará la socialdemocracia española, que se ha contagiado de coronavirus y, además, empieza a sufrir también el síndrome de Estocolmo con gestos de adoración perpetua a su raptor.

Cualquier historiador sabe que las grandes epidemias siempre han desembocado en cambios sociales y políticos trascendentales. Casi todas las grandes revoluciones de la historia están relacionadas directa o indirectamente con plagas, con calamidades y con estragos de distinta gravedad.

El populismo siempre está al acecho de cualquier acabose para imponerse, pero sólo los Estados fuertes han sabido defenderse de esa amenaza. La clave para vencer se la dio Belmonte a Chaves Nogales cuando le explicó que en la lidia, de hombres o de bestias, lo más importante es parar porque el que sabe parar es el que domina. Sánchez no sabe parar y es, por tanto, el dominado.

Lo que Sánchez sabe hacer es paralizar el país, dejarlo en estado vegetativo, que aún peor que dejarlo con una marabunta de parados, y prestarle su chaqueta a un iluminado que ya llegó a la política con mascarilla para no enseñar su verdadero rostro.

Alberto García Reyes ( ABC )