Este Gobierno no solo no habla con una sola voz, tal como prometió Sánchez cuando se lo presentó a los españoles, sino que habla con voces enfrentadas hasta en asuntos de Estado. Esa cacofonía no solo no ha menguado con la aprobación de los Presupuestos, sino que va en aumento.

Y el pretendido giro al centro que difundía la propaganda monclovita más afín al PSOE no solo no tiene visos de incoarse, sino que Iglesias disfruta y explota cada día con mayor descaro su condición de pieza clave de la coalición, lanzando desafíos constantes a otros miembros del Ejecutivo, sabedor de la falta de programa y de principios de Sánchez, que no tiene más remedio que ceder a las presiones de Iglesias si quiere seguir en el poder.

Que es lo único que le importa. Cada mañana un puñado de ministros -esos que llaman «moderados», de perfil técnico- se levanta pensandoqué emboscada le tenderá el sector podemita del Gobierno, cuando no ese otro sector socialista ya podemizado. Los ejemplos se acumulan.

Robles, Marlaska y Escrivá se culpan de la mala gestión de la crisis migratoria en Canarias. Arancha González Laya trata de apagar con Marruecos los incendios que prende Iglesias con su apoyo al referéndum en el Sáhara.Nadia Calviño desautoriza a Yolanda Díaz, que pretendía imponer una nueva subida del salario mínimo a los agentes sociales.Iglesias lleva meses boicoteando el modelo de ingreso mínimo de Escrivá, que parece condenado a relajar los controles iniciales que diseñó por las urgencias demagogas del vicepresidente.

Ábalos cede a la agresión a la propiedad privada con la coartada de la paralización de los desahucios que promueve Podemos, que además no quiere que los tenedores de vivienda sean compensados, sumiendo al mercado inmobiliario en lainseguridad jurídicay abocándolo a una ola de litigiosidad.

Juan Carlos Campo no sabe cómo contener el afán de Iglesias de relanzar el asalto a la polaca de la cúpula del Poder Judicial mediante la trasposición de la mayoría Frankenstein, aunque sea pasando por encima de la Constitución y de las advertencias de Europa.

El decreto de apoyo a la hostelería se retrasa, lo mismo que la reforma de las pensiones para ampliar su periodo de cálculo, porque Podemos tampoco está de acuerdo.Y Sánchez va a la tele a defender tímidamente a la Corona mientras su vicepresidente difunde una campañaque compara a la Jefatura del Estado con el crimen organizado del narcotráfico.

Esto es hoy el Gobierno de España. Sánchez sabía que todo esto sucedería, y por eso confesó su insomnio ante la idea de coaligarse con Iglesias.

Hoy su insomnio es de todos los españoles, que asisten atónitos al espectáculo delcainismo en pleno apogeo: no solo contra la oposición, sino de un Gobierno que se opone a sí mismo. Los ministros más responsables saben que las medidas impopulares de ajuste van a ser inevitables, porque los fondos europeos no son la panacea y porque nos enfrentamos a la peor recesión de la reciente historia de España.

Pero Podemos no está dispuesto a asumir el coste político de lo impopular,porque para eso son populistas. Y con una dirigencia lastrada por la incompetencia y el sectarismo, España se encamina derecha al furgón de cola de Europa.

El Mundo