Muy mal deben irle al PSOE los sondeos internos para verse forzado, de la manera inédita en que lo hizo ayer, a chamuscar a un ministro como Luis Planas, titular de Agricultura, para contrarrestar el daño que están haciendo Alberto Garzón y Unidas Podemos al sector cárnico en plena precampaña de las elecciones en Castilla y León. La crisis interna en el Gobierno no es una más a la que los dos partidos de la coalición nos tienen acostumbrados desde el primer día.

No es esta otra pugna típica de este Gobierno de contrapesos maltrechos y celos mutuos, y ya ni siquiera tratan de ocultar sus diferencias, como hacían en el pasado cuando Pablo Iglesias era vicepresidente. La única explicación plausible es que ambos partidos han entrado en pánico electoral porque a falta de apenas dos semanas para que comience la campaña no tiene lógica que la eterna batalla latente de egos y desautorizaciones haya saltado por los aires de modo tan explícito.

Planas ofreció ayer casi una decena de declaraciones a distintos medios de comunicación arremetiendo contra Alberto Garzón. Fue apabullante, sobreactuado incluso. Jamás había ocurrido antes con ningún ministro, del mismo modo que nunca había ocurrido hasta ahora que los dirigentes de Podemos, incluido Iglesias, saliesen en tromba directamente contra Pedro Sánchez.

Se habían producido escaramuzas entre Yolanda Díaz y José Luis Escrivá o Nadia Calviño; entre Ione Belarra y Margarita Robles; entre Irene Montero y Carmen Calvo…, pero nunca el objetivo directo fue el presidente del Gobierno. La tensión, arrastrada por unos pésimos sondeos para los dos partidos, ha llegado incluso al punto de que el propio Iglesias haya embestido contra Sánchez acusándole de difundir «bulos» sobre Garzón.

Sin embargo, sería ingenuo sostener que la coalición está en peligro. Es verdad que muchos ministros no se soportan entre sí y que la convivencia en el seno del Consejo de Ministros es manifiestamente mejorable. Cuando Planas fue preguntado ayer sobre si Garzón debía dimitir, respondió de modo elocuente con un simple «sin comentarios».

Podemos está causando un daño irreparable al prestigio de España y a la reputación de muchos sectores empresariales por puro adoctrinamiento ideológico. Pero es Sánchez quien lo consiente porque, por encima de campañas coyunturales, al PSOE lo único que le interesa es agotar la legislatura forzando lo que sea.

Y a Podemos, exactamente lo mismo: le resulta más motivador aferrarse a los ministerios que cualquier hábito de consumo o que el bienestar de los ciudadanos. Por eso la coalición goza de una pésima salud de hierro. Hoy, el PSOE sin Podemos, como Podemos sin el PSOE, solo pueden ser sinónimo de convocatoria de elecciones generales, y eso no está en sus agendas.

Garzón mintió porque ni España exporta carne en mal estado, ni la acusación de maltrato animal en nuestras industrias cárnicas puede sostenerse alegremente ante la prensa. Si Garzón tiene una mínima prueba, debe acudir a la Fiscalía porque es evidente que a Planas, precisamente el ministro encargado de la alimentación, no parece tener nada que decirle.

El auténtico trabajo en equipo de este gabinete consiste en pisarse unos a otros poniendo en riesgo la credibilidad de nuestro país. De Garzón y la inanidad de su Ministerio ya se ha dicho suficiente. También de sus tóxicos prejuicios, por ejemplo, hacia las macrogranjas, que lógicamente tienen sus pros y sus contras.

Pero no hay nada más absurdo que arremeter contra una parte sustancial del electorado a un mes de que se abran las urnas, y eso revela un progresivo desquiciamiento del PSOE y de Podemos.

ABC

viñeta de Linda Galmor