El Gobierno que venía a regenerar la vida pública copa la Administración con un récord de altos cargos.

El Gobierno que llegó al poder, tras desalojar al PP, de la mano de la bandera de la regeneración, se muestra incapaz de dar ejemplo.

Al organigrama ministerial creado por Pedro Sánchez, con 22 carteras además de Presidencia, se une una estructura en los puestos de libre de designación que no se compadece ni con las promesas de regeneración que Sánchez agitaba antes de aterrizar en La Moncloa ni con la situación de crisis aguda que atraviesa la economía española y, por ende, las cuentas del Estado.

Tal como reveló EL MUNDO, la coalición PSOE-Podemos lleva a récord los altos cargos de un Gobierno con 732. El número de altos cargos en activo a 31 de diciembre de 2019 era de 666. Sólo seis meses después, el cómputo se ha elevado en 66 personas, según un informe que la Secretaría de Estado de Política Territorial y Función Pública ha elevado al Congreso de los Diputados sobre el cumplimiento por parte de los titulares de los puestos incluidos en su ámbito de aplicación, de las obligaciones de declarar.

No hay precedentes de una estructura en la Administración General del Estado con un volumen tan abultado como en la actual legislatura. Mariano Rajoy abandonó la Presidencia del Gobierno el 31 de mayo de 2018 dejando un total de 671 altos cargos. Ese mismo año, la cifra ya se incrementó. En sólo siete meses, el Ejecutivo socialista, que presentó la moción de censura, cerró 2018 con un total de 707 altos cargos.

Hace un año, en junio de 2019, con un Ejecutivo en funciones, la cifra se situó en 684. Esta escalada revela que al Gobierno de coalición entre PSOE yPodemos, pese a la retórica empleada para advertir de los efectos de la pandemia del coronavirus, le trae sin cuidado el aumento del gasto asociado al diseño de una Administración de proporciones elefantiásicas.

No hay ninguna razón de carácter político, y mucho menos si se atienden a criterios de operatividad, que justifique un aumento tan acusado del número de altos cargos.

La única razón que puede explicar este despropósito es la necesidad que tiene el PSOE de contentar a su socio de coalición, la formación que lidera Pablo Iglesias, y la ambición demostrada por ambos partidos de instrumentalizar la administración con intereses partidistas, anteponiendo el carnet de afiliación a la competencia profesional a la hora de designar los cargos discrecionales o los puestos en las empresas públicas.

Lamentable y bochornoso ejemplo de derroche justo cuando más necesita el erario apretarse el cinturón ante una recesión sin precedentes.

El Mundo