El daño que va a sufrir el turismo con las restricciones en cascada que están adoptando países de nuestro entorno es demoledor para la economía. Con la deriva que se observaba desde hacía días, resulta irresponsable que el Gobierno de Sánchez haya seguido mirando hacia otro lado, como si la pandemia ya no fuera cosa suya, y que no se haya actuado a tiempo en distintos frentes, incluida una ofensiva diplomática para intentar acordar las medidas menos lesivas que, al mismo tiempo, aseguren la seguridad sanitaria.

Y no será por que no se viera venir todo esto ante la absoluta negligencia de administraciones como la de Quim Torra.

El sector turístico había tocado suelo. Pero empezaba a recuperarse y aún confiaba en una temporada veraniega que se presentaba como la bombona de oxígeno. Sin embargo, el rápido descontrol de los brotes de coronavirus ha provocado la inmediata reacción de Gobiernos como el británico, que decretó desde la media noche del sábado una cuarentena para todos los viajeros que regresen al Reino Unido desde España, lo que asesta un golpe mortal a la llegada de turistas.

Hay que subrayar que los británicos representan hasta el 40% en varias regiones. Noruega directamente desaconseja viajar a España. Y también lo hacen otros países de la UE, como Bélgica o Francia, en este caso centrándose en Cataluña y algunas otras comunidades.

Entristecen especialmente estas tomas de decisiones unilaterales de socios comunitarios cuando lo que corresponde en este escenario es una estrategia acordada entre los Veintisiete y cuando la tasa de contagios en muchos territorios de España es inferior al de algunos países de la Unión. Sánchez disfrutó de los aplausos de los suyos al regreso de una cumbre europea en la que nuestro presidente tuvo que asistir casi como convidado de piedra, obligado a no decir nada, y se ve que tampoco se le tiene muy en cuenta a la hora de negociar reglas iguales para todos que garanticen el turismo más seguro posible.

Uno de los problemas de España en el exterior, asociado al de la proliferación de brotes, es la escasa confianza que generan nuestros datos. En nada ayuda la disparidad entre las cifras del Gobierno y las que aportan las comunidades.

Y mientras la situación sanitaria se agrava, vemos cómo los ministros más concernidos en esta crisis, incluidos los de Sanidad, Interior o Transportes, están desaparecidos.

Solo Defensa, con Margarita Robles al frente, vuelve a dar una lección de vigor con medidas como la de levantar campamentos de emergencia en localidades como Lepe para evitar contagios entre los temporeros o preparar a militares como rastreadores del virus.

El resto del Gabinete, in albis, como en el Titanic.

El Mundo