UN GOBIERNO INCOMPETENTE PRESO DE SU DEMAGOGIA

Si alguien puede llegar a pensar que, al haber sido criticado a derecha e izquierda, el Gobierno ha defendido una posición central y razonable en el debate de este jueves sobre la gestión del caso Open Arms, está muy equivocado.

Carmen Calvo ha hecho un resumen bastante ajustado a la realidad no de lo ocurrido con el barco de esa ONG de oscuros intereses, sino del desempeño de Pedro Sánchez desde su llegada a la Moncloa, hace ya algo más de un año. Porque esta nueva etapa del PSOE en el poder viene caracterizándose por dos elementos que han salido a relucir en el debate parlamentario: una demagogia y una incompetencia sin límites.

Lo peor es cuando la incapacidad abrumadora y la manipulación permanente se dan de bruces con una realidad en la que los problemas son más complejos que una película de buenos y malos. Una realidad que exige tomar decisiones informadas, cabales y rápidas, sobre la base de que no se pueden solucionar mágicamente los problemas más complicados y de que, por lo tanto, hay que limitarse con frecuencia a gestionarlos de la manera menos mala posible.

En el caso concreto del Open Arms, el Gobierno ha sido presa de sus decisiones demagógicas y electoralistas en el pasado, de su incapacidad para mantener un discurso coherente en el presente y de su dedicación enfermiza al electoralismo tras los resultados del 28 de abril. Y para qué hablar de la incompetencia que ha rodeado todo lo relacionado con el P45 Audaz, un barco que ni siquiera podía atracar en Lampedusa y que al final se ha movilizado… para recoger a quince inmigrantes.

Como bien ha apuntado Cayetana Álvarez de Toledo, todo esto ha sido una «impúdica exhibición de mal gobierno» y, lo que quizá sea aún peor, un ejemplo acabado de la inmoralidad de un Ejecutivo que presume de humanitario pero que en realidad hace «negocio electoral, politiqueo, bajo la máscara de la solidaridad».

Esta es la verdadera cara de este Gobierno capitaneado por Pedro Sánchez, un incompetente rodeado de semejantes que jamás ha estado a la altura de sus responsabilidades.

Libertad Digital

viñeta de Linda Galmor