UN GOBIERNO MUY POCO EJEMPLAR

Han bastado cuatro meses para que el Gobierno de “la ejemplaridad”, tal como lo presentó Pedro Sánchez en un alarde adanista, se convierta en un espejismo. A las dimisiones de Huerta y de Montón, y a la posición insostenible de Dolores Delgado-doblemente reprobada en sede parlamentaria- y de Pedro Duque, se sumó ayer la delicada tesitura de Josep Borrell.

La CNMV expedientó al titular de Exteriores por la venta de acciones de Abengoa por un valor de 9.030 euros cuando era consejero de la compañía y obraba en su conocimiento información privilegiada. Se trata de una conducta reprobable que colisiona con el eslogan regeneracionista del que se jacta el Ejecutivo. Borrell, que ya ha anunciado que recurrirá la sanción del regulador bursátil, está obligado a ofrecer explicaciones detalladas y no sucintas evasivas como ha hecho hasta ahora.

En todo caso, quien ha situado al Gobierno en el disparadero es la ministra de Justicia, cuya insistencia en no asumir sus mentiras tan solo prolonga su agónica posición. Al día siguiente de que el Congreso aprobara una moción reclamando su “dimisión inmediata”, lo que se suma a su reprobación en el Senado, Delgado se parapetó ayer durante la sesión de control en la Cámara Baja en la estrategia del ruido y la victimización que tanto gusta al Gabinete Sánchez.

Acusó al PP de sumarse al “chantaje” de Villarejo, de cuya táctica de defensa judicial se considera víctima, y dio un recital de altanería y escapismo, lo que provocó que desde la bancada popular se exigiera su dimisión a gritos. Por la tarde, en la Comisión de Justicia, dividió en tres tipos a todo el que ose ponerla ante el espejo de sus vergüenzas: “derecha, extrema derecha y extrema extrema derecha”. Y volvió a reiterar los subterfugios con los que pretende diluir su responsabilidad y esquivar la renuncia, que sería tanto como la antesala de la caída del Gobierno.

Pero no es la oposición ni tampoco la prensa habitualmente señalada por Celaá la que ha puesto en un trance a Delgado. Es ella misma la que se niega a asumir la realidad de su reunión con un personaje de dudosa tacha como Villarejo cuando ejercía de fiscal, por el contenido que revelan los audios difundidos y por faltar a la verdad acerca de los mismos. También fue ella la que se opuso, tal como reveló EL MUNDO, a extraditar a un cliente del bufete de Baltasar Garzón vinculado al caso Villarejo.

El encastillamiento de Sánchez, plasmado no solo en las sombras de su tesis sino en la decisión de apuntalar a los ministros para blindarse él mismo, expone en toda su crudeza la falta de acierto a la hora de hacer el casting de ministros. Máxime teniendo en cuenta que tanto Delgado como Borrell se ven salpicados por escándalos que arrastraban desde el pasado. Mientras sus ministros no sean capaces de rendir cuentas ante la ciudadanía, Sánchez no está en condiciones de dar ninguna lección de ejemplaridad.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor