¿ UN GOBIERNO O UNA BANDA DE MENTIROSOS ?

En España la mentira no es por sí sola motivo de dimisión. Depende del estado de ánimo del político de turno. Si es de moral moldeable pero carácter débil, izará la bandera blanca a la tercera o cuarta embestida de la prensa. Si por el contrario, es de moral flexible pero carácter fuerte, tan fuerte como su jeta, continuará en el machito como si nada. Ejemplos históricos hay para dar y tomar. No se los enumero porque me harían falta 50.000 palabras y no las 1.000 que normalmente comprenden mis sermones dominicales.

Visto con perspectiva, Huerta es un mártir al lado de los jetas que aún continúan en el Gobierno de España. Un mártir de las necesidades de Pedro Sánchez de mantenerse en el poder al precio que sea. Se llame ese precio “España”, “Constitución” o el mismísimo “Partido Socialista”. El propio Tesisgate deja reducido a la condición de monje franciscano a Màxim El Breve. Tan cierto es que el ministro de Cultura de los Seis Días defraudó al fisco, poniendo entre otras cosas su casa alicantina a nombre de una sociedad, como que Hacienda calificó los hechos de “infracciones tributarias leves”.
¿Acaso no es más grave el caso de un político que plagia compulsivamente una tesis que se ha hecho a ocho manos en lugar de las dos que permite la ley? ¿O está más habilitado el presidente para ejercer la función pública que ese ministro que duró seis días y seis noches? Un fraude fiscal como el de Huerta es éticamente similar al plagio de una tesis basurosa que, además, no has hecho tú y ha sido calificada con un “cum laude” en lo que constituye un atentado contra las más elementales normas académicas. Defraudar al fisco no es mucho peor que robar un doctorado. Por ahí le anda.
Estamos ante un Gobierno inepto que sólo sabe subir impuestos y cargarse la economía es tan obvio que no hace falta recalcarlo. Que Sánchez está al albur de los golpistas, los proetarras y los comunistas que lo auparon, tampoco. Pero lo que no vamos a dejar de denunciar, nos amordacen o no, son sus patrañas. Para callarnos nos tendrán que matar físicamente porque con el asesinato civil no les valdrá. Pongo punto y final parafraseando a Rubalcaba: “No nos merecemos un Gobierno que mienta”.
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