UN JUEGO INDIGNO CON LAS ELECCIONES

El ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, tras deslizar ayer la posibilidad de que las elecciones generales pudieran celebrarse el 26 de mayo, añadió que la convocatoria de los comicios es una especie de «botón rojo» que compete a Pedro Sánchez.

Ciertamente, nuestro ordenamiento constitucional otorga esta facultad en exclusiva al presidente del Gobierno, pero no para que la use en su propio beneficio sino para subrogarla al interés general. Y ésta es justo la clave de bóveda que explica el fracaso del sanchismo:el permanente sometimiento de las instituciones a la porfía de mantenerse en el poder. Aunque sea al precio de poner en almoneda la unidad nacional.

La secuencia de incumplimientos en apenas cinco meses delata la poca palabra de Sánchez. Primero dijo que promovía una moción de censura contra Rajoy para, en caso de obtener la confianza de la Cámara, convocar elecciones anticipadas. Después se apalancó en La Moncloa y comprometió un Gobierno hasta el final de la legislatura.

Más tarde alentó la posibilidad de articular un acuerdo presupuestario tras alcanzar un pacto con Podemos que excede la política económica. Y finalmente, unos días traslada la intención de resistir y otros coquetea con hacer coincidir las generales con las municipales y las autonómicas, un hecho inédito en nuestra democracia. La sola posibilidad de gobernar a golpe de decreto para modificar parcialmente los Presupuestos debería ser suficiente argumento para disuadir a Sánchez de tal disparate.

Un Ejecutivo que no es capaz de aprobar la norma sobre la que pivota toda su acción de Gobierno está obligado por dignidad y responsabilidad a convocar elecciones cuanto antes. Lo contrario, tal como EL MUNDO lleva meses advirtiendo, supondría un absurdo y nocivo ejercicio de obstinación que no conduciría más que a perpetuar la agonía semanal del Consejo de Ministros y la incertidumbre económica.

Gobernar con las cuentas prorrogadas es una posibilidad legal pero políticamente inadmisible. Máxime si, como pretende Sánchez, supone hacerlo con los Presupuestos del adversario al que desalojó de La Moncloa. Y máxime si aspira a continuar zafándose de su obligación de presentar ante las Cortes la ley más importante del año. Borrell aseguró ayer que «lo normal» es someter las cuentas públicas al voto del Parlamento.

En realidad, tal como publicamos hoy, no es lo normal sino lo preceptivo legalmente, según señala el artículo 134 de la Constitución. El Gobierno está obligado a presentar los Presupuestos a las Cámaras, aunque ello suponga, como es evidente que ocurriría en este caso, la constatación de la soledad y la incapacidad del Ejecutivo socialista.

Es comprensible que Sánchez, preso de sus vaivenes e incoherencias, tenga pánico a esta incómoda fotografía. La única forma responsable de evitarla es llamando a los españoles a las urnas.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor