UN MUNDO FELIZ

No existe un mundo feliz, solo existen personas que buscan la felicidad y algunas no la encuentran jamás porque ignoran que la única fórmula que existe para lograrla es la de intentar vivir en una cierta paz y armonía consigo mismo y los demás.

Esto no tiene nada que ver con la psicología barata que algunos echadores de cartas y charlatanes utilizan para embaucar a los incautos en el mercado del engaño, sino que es la constatación, incluso física, de una realidad emocional que nos convierte en gente capaz de vivir el presente, sin una úlcera en el alma, soñando con un futuro mejor.

Yo al menos he tenido la suerte de encontrarme con gente que da tanto a más de lo que recibe, porque aprovecha cualquier resquicio que le ofrece la vida para sentirse bien y ayudar a que los demás también disfruten de esa sensación. Gente que es capaz de sonreír, de besar, de tocarse hasta la piel del alma para transmitir buenas sensaciones, porque ve en el otro a alguien que ama la vida y que ha excluido de su vocabulario y de sus sentimientos la palabra odio.

Les aseguro que existen a puñaos.

Lo único que pasa es que no están organizados en clubes o asociaciones, ni en sindicatos ni partidos políticos – aunque en todos esos grupos hay personas como ellos – porque son individuos que no necesitan pagar una cuota u obedecer a un líder para saber cómo deben comportarse en la vida y en relación a los demás.

Nadie les dice a qué hora y dónde tienen que estar, ni qué pancarta deben exhibir, porque el mensaje lo llevan en su mirada limpia, en su sonrisa sincera, en su compromiso individual y en su capacidad de convivir con los demás sin importarles cómo piensan, en que Dios creen o cuál es su convicción de que después de la vida no existe nada más.

Cada uno de ellos es dueño de sus pensamientos y por eso no pretenden imponerles a los demás cómo deben entender su propia vida, aunque todos comparten unas reglas no escritas de convivencia.

Yo tengo amigos y vecinos, compañeros y conocidos, hombres y mujeres que son así y son fácilmente identificables.

No están de mala leche, cuando sonríen sus ojos les brillan, si les besas huelen bien, comparten contigo sus problemas y sus buenos momentos, son moderados en sus comentarios, en vez de echarle la culpa a los demás de sus dificultades intentan ver cómo resolverlas, y su compromiso con la democracia pasa por el respeto a las leyes.

Como son gente bien informada, saben que hay quienes tienen otra visión del mundo y de la sociedad, y los identifican fácilmente porque los ven amargados y coléricos , utilizan un vocabulario agresivo, rechazan a quienes no piensan como ellos, creen que la ley solo hay que respetarla si les beneficia, babean odio y no tienen tiempo de asear las huellas de sus disgustos.

Diego Armario