UN NEGLIGENTE

Los hermanos enseñan pronto una lección. Compartir es catastrófico, lo justo es repartir. Conviene no olvidarlo y para ello basta con entrar de vez en cuando en un baño público. La tragedia de Reino Unido no tiene responsables y ya sólo este enunciado, que debería dar vértigo, da la medida de su perversión. El referéndum es un sistema de culpa compartida, frente al civilizado reparto de culpas que establece la democracia representativa.

Suele haber cierta confusión respecto a lo que significa votar. No es que el pueblo no se equivoque jamás y por eso haya que confiarle las decisiones, es que precisamente porque se equivoca tanto es preciso articular una forma poco dramática de corregir sus errores. Elegir y cambiar a sus representantes es una forma pacífica de equivocarse y corregirse, porque el pueblo no puede impugnarse a sí mismo sin que las consecuencias sean dramáticas.

Al someter a referéndum la permanencia de Reino Unido a la Unión Europea, David Cameron delegó en su pueblo, cuando era su pueblo el que había delegado en él. El suyo es un caso flagrante de absentismo laboral. No fue una ausencia motivada por la pereza o la cobardía, ni siquiera fue un rapto de populismo. Lo hizo para apuntalar una autoridad declinante. Viagra plebiscitaria.

Sorprende lo poco que se habla de Cameron. Que lo dejen tan tranquilo ahora que los británicos empiezan a lamentar que los condenase a elegir. Cameron es ante todo un negligente. El poder que convoca un referéndum siempre tiene la respuesta y la prueba de ello es que casi nunca, salvo idiocia, se reserva el No para sí. Cuando el pueblo se pone caprichoso, y la consulta es el capricho elevado a jurisprudencia, resulta difícil negarle algo.

Como Cameron es negligente antes que malo permitió que en el referéndum sobre la independencia de Escocia la unión se las apañara con un No. Para la consulta del Brexit la Comisión Electoral decidió que la fórmula fuera la de Leave/Remain.

El fatal resultado ha provocado un espectáculo impagable, una oscilación de lo populista a lo despótico, mediante la cual las élites tratan de salvar al pueblo de sí mismo sin que el pueblo llegue a enterarse. Es un trabajo pudoroso que consiste en ir corrigiendo la decisión con mucha burocracia y otras tantas transacciones políticas, todas ocultas o negadas o maquilladas. El Brexit fue una pira construida para quemar a las élites y han tenido que ser las élites las que finalmente acudan a sofocar las llamas cuando el incendio se había descontrolado.

Rafa LaTorre ( El Mundo )