El feminismo de Pedro Sánchez consiste en decir “todos y todas” al comienzo o al final de cada una de sus frases pero no va mucho más allá,  porque si hay algo no soporta un guapito de cara  es que una mujer le eche un pulso y se lo gane.

Está acostumbrado a la pleitesía o el silencio de las mujeres de su gabinete,  y no digo ya de su grupo parlamentario, que le aplauden a rabiar cada vez que dice un lugar común o enfatiza  una obviedad, pero le corta la digestión que el gobierno de la Comunidad de  Madrid lo presida la única mujer que por ahora y de forma reiterada le ha plantado cara ante sus injerencias en competencias que no le corresponden, y eso no lo puede soportar.

Su obsesión por  Madrid está teniendo como efecto no deseado para su persona el fortalecimiento de la figura de Díaz Ayuso ante su electorado y parte de los que votaron otras opciones en su día, porque esta tierra de liberales y libertarios que acoge a cualquiera que venga sin pedirle carné ni explicación, aguanta mal a los falsarios.

Me consta que al llegar a  esta línea unas cuantas docenas de los que me leen habrán  coreado en voz alta y con un cierto cabreo las consignas que ha acuñado el aparato de propaganda de la Moncloa contra Díaz Ayuso,  en las que se repite que la Presidencia le viene grande y que está ahí por accidente o manejada a distancia.

Yo creo que Pedro y sus mamporreros se han equivocado al elegirla como enemigo y en algún momento lo va a pagar porque, como ella misma le ha advertido, puede acabar siendo su peor pesadilla . Ayuso tiene entidad propia, un discurso valiente y una gestión de la pandemia que ha llevado a Madrid a ser una de las cuatro Comunidades o Ciudades Autónomas con menor número de contagios con una fórmula que hace compatible la protección de la salud y de la economía.

Madrid no es un paraíso fiscal como afirman con envidia los malos gestores de sus propios recursos en  Cataluña u otras Comunidades. Es una ciudad abierta a la que llegan empresas que crean empleo y riqueza y por eso aporta  23.000 millones de euros más a la caja común que, por ejemplo,  la comunidad donde Rufián rebuzna.

Sánchez no ha descubierto aun, y nadie se lo ha explicado, que el Dos de Mayo es un signo de dignidad colectiva y que Madrid como Roma no paga traidores.  La imagen que el Presidente está proyectando en el resto de España sobre sí mismo es la de – con perdón de los chaperos – alguien que se deja abusar a gusto y sin protección por gente que proviene del lumpen político y delincuencial o que declaran abiertamente que apoyan a su gobierno porque es el camino más corto para hundir a España.

A los gobernantes lo mínimo que hay que exigirles es dignidad, defensa de los intereses de los ciudadanos  y protección de nuestras libertades. En eso se diferencia el gobierno de Madrid del ejecutivo de España, porque el de Sánchez ha dejado estas asignaturas pendientes a la espera de la entrada en vigor de la Ley Celaá que convierte a los más mediocres en doctores honoris causa.

Diego Armario