UN ORGULLO IDEOLOGIZADO Y SECTARIO

Las celebraciones con motivo del Orgullo LGTBI en Madrid durante el fin de semana se han revelado como una fiesta de la exclusión, el dogmatismo y el sectarismo. Distintas organizaciones LGTBI habían enrarecido el ambiente imponiendo qué partidos políticos podían acompañarlas en los distintos actos, implantando vetos en virtud de criterios ideológicos cuando no había razón alguna para ello.

Fue el caso del PP, algunos de cuyos dirigentes, homosexuales o no, es lo de menos, habían expresado su deseo de acudir, y fueron rechazados abruptamente por los líderes de un movimiento que se ha radicalizado ideológicamente. Peor fue el caso de Ciudadanos, porque algunos de sus líderes fueron acorralados, insultados y amenazados, hasta el punto de tener que ser rescatados por hasta nueve patrullas de la Policía Local de Madrid para evitar el riesgo de una agresión física.

El Orgullo, convertido desde hace años en un movimiento promotor de la tolerancia, la diversidad y la convivencia frente al «apartheid» sufrido en el pasado en todo el mundo, es hoy un gueto politizado en el que unos cuantos líderes radicalizados reparten credenciales sobre quién es apto, y quién no, para defender sus derechos. Es el colmo del cinismo que quienes apelan a la participación, a la comprensión de la sociedad o a la apertura de miras frente al odio, incurran justo en esas conductas para seleccionar quién está capacitado para defenderlos.

No cesan de repetir consignas sobre el respeto a los derechos y a las garantías de igualdad, y sin embargo generan el caldo de cultivo idóneo para criminalizar a quienes les venga en gana solo porque representan a la derecha política. Lo ocurrido en Madrid en las últimas horas ha sido lamentable, porque pretender arrastrar a todo un colectivo diverso y plural hacia la izquierda política más rancia les hace retroceder en muchos de los avances conseguidos.

Tampoco ha ayudado a pacificar la atmósfera el ministro en funciones del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Sus declaraciones contra Ciudadanos, según las cuales no debieron estar presentes en el Orgullo porque solo acudían para blanquear sus acuerdos con Vox, han sido tremendamente inoportunas.

Olvida Marlaska tanto el cargo que ocupa como la relevancia de no mezclar churras con merinas. Él mismo fue designado vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP, y nadie lo expulsa de las calles de Madrid. En cambio, Ciudadanos no parece merecer ni agua.

Es hipócrita olvidar que ha sufrido múltiples escraches y que fue criticado por la izquierda por acudir al País Vasco a condenar homenajes a etarras, o a acompañar a víctimas de ETA. Marlaska, como los líderes del movimiento LGTBI, se han equivocado y deben reflexionar. Fomentar de modo oportunista el odio no es una práctica sana en democracia.

ABC

viñeta de Linda Galmor