El «limite de la paciencia» al que se refiere el ministro de Sanidad para intervenir la Comunidad de Madrid queda a la misma altura que el espacio -igualmente impreciso y subjetivo- en el que Sánchez se «inquieta» y «perturba». Como el presidente del Ejecutivo, Salvador Illa pierde la paciencia muy rara vez.

El aguante de este Gobierno es proporcional a su necesidad de satisfacer a aquellos con los que no tiene margen para impacientarse, lo que ha hecho de España un modelo de resignación donde las virtudes teologales sustituyen a la racionalidad. En nombre del Ejecutivo de progreso, Illa marca «el límite de la paciencia» como el que traza una línea roja o tose sin mascarilla.

De ahí no se puede pasar. El ministro se pone a marcar el límite de la paciencia y le sale el mapa de Madrid. Como Sánchez, el ministro de Sanidad no suele inquietarse ni perturbarse. Compartida, su paciencia es infinita. No se alteran con Bildu cuando Otegui impone como parte esencial de la memoria democrática el respeto a los etarras, presos o desconfinados.

No les preocupa ERC cuando Rufián imprime la imagen de una infamia para exhibirla en las Cortes. No les molesta la deslealtad de Iglesias cuando azuza a «la gente» contra la Corona o trata de deslegitimar a la Justicia que lo investiga. No les quita el sueño, con lo delicado que lo tenían, la reincidencia con la que amenazan los condenados a los que pretenden indultar.

El límite de la paciencia está hecho de material elástico y coincide para el Gobierno con el contorno regional de Madrid. Y si hay que retorcer los datos, o coger los de cinco días antes para que todo parezca mucho peor y tener así coartada para el cerrojazo, pues se cogen.

Porque dice Illa que «no hay más ciego que el que no quiere ver». La ceguera que diagnostica el ministro de Sanidad no es otra que la del Ejecutivo de Ayuso ante la pandemia. Lo dice como experto en procesos degenerativos del ojo.

Ahora oftalmólogo, Illa sabe lo que es mirar para otro lado, con un ángulo de 360 grados, camaleónico y distraído, para no impacientarse.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor